Por Mónica Fragoso

Todos sabemos que en la sociedad, existen personas que no comparten las mismas ideas, costumbres, principios o valores; por ello la convivencia diaria se complica, de ahí que se justifica el uso de la política como un instrumento conformado por reglas para garantizar una convivencia armónica a fin de lograr el bien común de la sociedad.

Resulta indispensable destacar que la política no es una actividad exclusiva de los gobernantes o de los políticos, sino una actividad humana y necesaria para el desarrollo de la sociedad; por lo tanto todos de forma directa o indirecta estamos involucrados en la misma.

Ahora bien, como toda disciplina humana es perfectible, además es una actividad que va en constante evolución, debido a que las necesidades ciudadanas van cambiando, pero esta transformación de la política no sólo le corresponde a los políticos, sino al ciudadano que tiene un papel fundamental, partiendo desde la premisa que el político antes de ser servidor público, es un ciudadano haciendo política en una democracia.

Ahora bien, los ciudadanos no deben ceder su derecho de decisión para que otros lo utilicen, todo lo contrario debemos comprometernos para tomar un papel protagónico y con ello marcar los puntos de la agenda pública que necesitamos en la sociedad. Y los políticos o gobernantes deben entender que es necesario cambiar la narrativa, que en la actualidad como lo dice Elmer Ancona, existen otras premisas en el desarrollo de la actividad política que son sencillez, proximidad y desapego al poder, en pocas palabras ser un auténtico servidor del pueblo.

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