Pese a que no existe la cultura de protección de sucesión, es decir, la creación de un testamento, es urgente que la sociedad lo adapta para proteger la transmisión de una voluntad en vida después de que llegue la muerte.

De acuerdo con Alfonso Velázquez, presidente de Grupo Fabram, el finado no solo puede -y está en derecho de- transmitir derechos, sino también obligaciones.

“No solo se habla de bienes inmuebles, hablemos de los hijos, ¿quién va a tomar las obligaciones del niño cuando el papá o los papás fallezcan? ¿El DIF, el abuelo, el vecino? Realmente se debe generar un instrumento jurídico que delimite las obligaciones de los menores, ¿quiénes van a ser los obligados a generarles el tema de educación, alimentos?”.

Lamentó que no existe generar certidumbre jurídica para los familiares, esto pese a que -al día de hoy- el Código Civil establece también a la cónyuge y a la concubina con derechos, o cualquier persona con parentesco de hasta cuarto grado, lo que pone en riesgo la herencia.

El mes de septiembre es el Mes del Testamento desde el 2003 con la finalidad de difundir información sobre la generación de transmisión de derechos y obligaciones.

“La labor es, acudir con el notario de su confianza, pero hay que saber transmitir los bienes, saber qué pasa con lo que se recibe a través del testamento y hay que coadyuvar los trabajos con un especialista en materia fiscal, legal o financiera, para poder generar un testamento correcto, que pueda ser de utilidad, para los que va a quedar en un estado vulnerable y que puedan percibir esos derechos a su favor”.

El testamento es expresar de manera legal los deseos una vez que se haya fallecido, de otra manera, otros tomarán la decisión por el finado y podrían ser distintos a los planeados en vida.

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