ECATEPEC, Méx.- 11 DE AGOSTO DE 2017.- Elisa, residente de este municipio, estuvo un año bajo resguardo en un refugio para víctimas de la PGR, luego de que decidió abandonar a su esposo un policía de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, quien la mantenía esclavizada, golpeaba y violaba, ahora exige justicia para que el uniformado pague por haberla hecho vivir un infierno durante seis años.

La joven mujer de tan solo 34 años de edad quien vive con sus padres en la colonia Tablas del Pozo, después de que el pasado 10 de julio decidió salir del lugar donde se encontraba resguardada por el miedo que le tenía a Luis Manuel Rosales Reyna su marido, de quien recibía tremendas golpizas y ahora solo espera divorciarse y acabar con esa relación que le causo mucho daño.

Elisa Medrano Hernández, Ingeniera Civil carrera que culminó en la UNAM, recordó que fue el 22 de noviembre del 2009, que durante el bautizo de su sobrina conoció a Luis Miguel, quien actualmente es policía en Azcapotzalco, y de ahí tras surgir una amistad, dio inicio al noviazgo, para casarse por la vía civil el 27 de agosto del 2010.

“Me fui a vivir a casa de mis suegros, al fraccionamiento el Laurel en el municipio de Coacalco y el 5 de febrero del 2011, contraje nupcias por la iglesia, y comencé a darme cuenta que tenía un carácter muy difícil y agresivo pero solo con su familia aun a mi no me ofendía” comentó.

Fue a finales de ese mismo año, que tras ser testigo de cómo su esposo había golpeado junto con su padre a su cuñada, que decidió hablar con él para que se cambiaran a vivir con sus padres a la comunidad de Tablas del Pozo y ahí comenzaron los ataques hacia ella.

“Primero, no me permitió seguir trabajando, yo laboraba en el Sistema de Aguas de la Ciudad de México , era supervisora de Obras Hidráulicas, trabajo que deje porque prometió darme una mejor vida y que nada me faltaría y creí en él”, señaló.

Explicó, que comenzaron los insultos, las humillaciones, e inclusive se convirtió en su esclava, hasta el colmo de bañarlo, como si fuera un bebé y surgieron los celos, e inclusive dijo le compro un celular con geolocalizador para tenerla controlada u saber dónde estaba además de revisarle sus páginas de redes sociales.

“Me controlaba el gasto, y el no me dejaba elegir mi ropa, porque el me la compraba y si gastaba en un dulce, tenía que rendirle cuentas de todo”, narró Elisa.

Fue en el 2012, indicó, que tras llevarla a cenar a la CDMX, por una simple discusión, la golpeó en la cabeza a la altura de la colonia la Presa en los, límites de. Tlalnepantla y Ecatepec, y de regreso a la altura del poblado de San Pedro Xalostoc, a bordo del vehículo en que viajaban, le metió tremenda golpiza sin tocar su rostro y decidió bajarse del carro y pedir ayuda, por lo que su padre fue a recogerla.

“Al otro día, se presentó con sus padres a mi casa para que lo perdonará, y cometí el error de creer nuevamente en él, sin embargo los ataques, verbales y físicos siguieron y siempre trataba de no tocar mi rostro, para que no se dieran cuenta y que sufría violencia intrafamiliar, me pegaba en las piernas, costillas y estómago, además que, en una ocasión me tapo la boca y la nariz mientras me azotaba contra la pared, sentí que quería matarme asfixiándome”, refirió Elisa.

Relató, que así siguieron los maltratos, siempre a puerta cerrada, para que sus padres no se diera cuenta, sin embargo sabían lo que pasaba o en otras ocasiones la sacaba de su hogar y al transitar por calles obscuras, le pegaba.

Así pasaron los años y aunque estaban en tratamientos para poder tener hijos, aun no lo habían logrado aunque su matriz estaba bien, pero ante los constantes maltratos que sufría en mayo , aseguró ya le había solicitado el divorcio.

Fue hasta el 27 de mayo del 2016, cerca de las 2 de la tarde que tras golpearla a las afueras de la casa de sus padres, donde les prestaban un cuarto para vivir, que ante la verguenza que sintió al pegarle frente a sus vecinos en plena calle, tras las lesiones de segundo grado que le provocó en piernas, estómago y brazos decidió denunciarlo.

“Fui al DIF de ahí me mandaron al AMPEVIS y al Ministerio Público de San Cristóbal, y los hechos quedaron registrados en la Carpeta de Investigación ECO2189/16 y opte por esconderme, primero fui a quedarme unos días en casa de mi hermana, y luego con otros familiares, porque el me estaba buscando y yo no quería regresar a ese infierno”, aseveró.

“Ante el temor que me encontrara fue el 14 de junio del 2016, la PGR, me brindó apoyo para que estuviera en un refugio de máxima seguridad para protección de víctimas, esto porque tenía miedo, pues sabia de lo que mi pareja era capaz de hacer, ya que su papá y su tío también fueron policías y están jubilados y temía por mi vida”, insistió Elisa.

Con el paso del tiempo, al no encontrarla, el sujeto abandonó la casa de Tablas del Pozo para volver a vivir con sus padres en Coacalco y anduvo divulgando que Elisa se había ido con otro hombre, para justificar su culpa y convertirse él en la víctima.

Desde el lugar donde se encontraba oculta, empezó a tramitar su divorcio pero no hubo respuesta, con el argumento que el uniformado no recibía las notificaciones.

Ante esta situación fue el pasado 10 de julio del presente año, que Elisa decidió dejar el refugio y presentarse nuevamente ante las autoridad y exigir justicia.

“Quiero que pague por el infierno que me hizo vivir, fueron seis años de mi vida, que me maltrato y pudo haberme matado, ahora quiero el divorcio, y para que no intente atacarme, las autoridades me brindaron protección policíaca, solo quiero vivir en paz y lo quiero lejos de mi vida y que lo obliguen a que firme el documento de separación y que los encargados de la impartición de justicia den solución a su demanda para que reciba el castigo que merece y pagué por todas las lesiones que me provocó y que están pendiente por resolver” finalizó.

Redacción @fondo 

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