LONDRES.- “Si tengo que ser su heredero, será por mis resultados, siendo yo mismo”. Wayde Van Niekerk , un sudafricano nacido en Ciudad del Cabo hace 25 años, es quien carga con el cartel de sucesor.

Sólo alcanza con hacer una búsqueda de su nombre en Internet. “El heredero de Usain Bolt ” aparece siempre como la primera opción. Con el jamaiquino en retirada, el atletismo busca quién pueda tomar la posta, y todas las miradas apuntan hacia el introvertido Van Niekerk. El hombre de las marcas extraordinarias. “¿Puede Dios ser normal?”, se pregunta el diario español El Mundo. “Puede ser la próxima súper-estrella, pero no esperen un showman”, añade el británico The Times. Mientras, se anota como el velocista todoterreno: fue el primero en haber bajado los 10 segundos en los 100 metros, los 20 en los 200 y los 44 en los 400.

“¡Rezar, primero!, la familia, los sueños, Liverpool y Chesney Campbell, mi amor”. El perfil del sudafricano en las redes sociales lo muestra lejos de las grandes luces. En Twitter, aprovecha para mostrar su fanatismo por el club inglés, mientras que Instagram se reparte entre los entrenamientos y su amor por Chesney, una socióloga fanática de los perros. Su éxito se construye desde la formalidad.

“Tomar el relevo de Bolt es algo todavía inimaginable. Tengo camino por hacer”, dice. Aunque en Londres avisan que el verdadero reto no pasa por compararse con Bolt, sino que su objetivo es Michael Johnson, el único velocista que logró doblete en los 200 metros y los 400 metros en Mundiales o Juegos Olímpicos. Van Niekerk está inmerso en un verdadero duelo de leyendas. Y el Estadio Olímpico será el escenario para demostrar si puede hacer frente a semejante presión.

Tras los 43s03 en los 400 de Río de Janeiro, sus mejores marcas en las otras distancias llegaron en junio de este año. Y semejante prólogo lo disparó como la figura que todos quieren conocer. Hizo 9s94 en los 100 metros de Velenje (Eslovenia), 19s84 en los 200 de Kingston y quebró el récord de los 300 en Ostrava. Sus 30s91 pulverizaron la marca que estaba en poder de Johnson. Mejor tiempo del año en los 400, con 43s62, su favoritismo sólo corre riesgo ante la aparición de Isaac Makwala, de Botswana, que lleva la delantera en 200 en la temporada (19s77) y se destaca con buenos tiempos en los 400.

Hijo de Odessa, una velocista, y Wayne, un saltador, nació en Ciudad del Cabo, pero se tuvo que mudar a Bloemfontein a los 12 años, tras la separación de sus padres. Los problemas familiares llegaron a la pista y las lesiones no lo dejaban en paz. Hasta que fortaleció cuerpo -trabajó para no volver a romperse- y alma. “El mejor consejo que puedo dar es que no se debe abandonar nunca”, señala, al recordar una adolescencia en la que estuvo a punto de retirarse. Su tabla de salvación fue la entrenadora Ans Botha, de 75 años. Una bisabuela namibia fanática de la jardinería a la que llama afectuosamente “Tía Ans”. La señora canosa que lo acompaña a cada paso y con la que trazó su plan de carrera cuando la conoció en la universidad. “Él tiene una mentalidad fuerte y es una bendición ver eso. Respetamos a Usain por lo que hizo, pero me gustaría que Wayde se convirtiera en un icono a su manera”, comentó esta semana en un rincón del bar Podium de Londres, en la conferencia de prensa que dio el atleta. Botha y Van Niekerk tratan de acostumbrarse a la revolución que generaron los resultados del último año.

Sin Bolt en los 200, no habrá un cruce generacional. El jamaiquino estará en los 100 metros y en la posta 4×100, mientras que el sudafricano va por el ambicioso doble oro en los 200 y 400. “No lo quise evitar”, se atajó Bolt en la previa del Mundial. “No estoy decepcionado por no enfrentarlo en ese momento. Es hora de que honremos a Usain por lo que hizo”, remarcó Van Niekerk. Esta tarde, desde las 15.40 -hora argentina-, saltará a la pista para la semifinal de los 400. Justo entre la semifinal y la final de la 100. En la jornada en la que uno empieza a despedirse, el otro quiere confirmar las buenas impresiones previas. Y dar el golpe. Lejos de los flashes, de las fiestas y de las grandes declaraciones. El nuevo chico del póster apuesta por la sobriedad.

Redacción La Nación