La palabra cantinflear surgió para describir el muy particular modo de hablar del personaje Cantinflas, creado por el cómico mexicano Mario Moreno Reyes, y en 1992 la Real Academia Española incluyó esa palabra como verbo en su diccionario, además de cantinfleada y Cantinflas.
El poeta y escritor Vicente Quirarte, quien desde 2002 es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, recuerda que Cantinflas apareció hace más de medio siglo y casi enseguida surgió cantinflear.
“El diccionario de la Real Academia Española señala que cantinflear es sinónimo de un habla sin contenido o, como decía la lexicógrafa María Moliner, que se refiere a una actitud absurda o desparpajada”, dice.
Además, agrega, en el diccionario de la Academia se lee: “Cantinflear es hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada.”

Quirarte afirma estar de acuerdo con esa definición, “pero me parece que se queda corta”. La aportación de Cantinflas, apunta, “va más para allá. Es un habla que resume toda la preocupación popular desde que México comenzó a ser independiente. Por ejemplo, Guillermo Prieto introduce elementos del habla popular en los poemas de La musa callejera (1883). Todo esto va creando un sentimiento de nacionalidad y un habla interna que, por un lado, da un sentimiento de individualidad, y por el otro es un enfrentamiento con el habla oficial o con las clases privilegiadas. “Y Cantinflas lo que hace con todo este lenguaje enredado es precisamente, como dijo Carlos Monsiváis, ganar un sitio en la sociedad que está viviendo. En sus películas, Cantinflas siempre está burlándose de las clases potentadas, utiliza su verbo para conquistar mujeres o también superar al compañero con el que está. Siempre se quería llevar la voz cantante y lo lograba fundamentalmente por su arrojo, pero en gran parte por su habilidad verbal”.
–Incluso en sus primeros filmes criticó a los políticos…
–Ese es un asunto curioso, porque en la película Si yo fuera diputado (filmada en 1951 por Miguel M. Delgado), más que sacar el discurso del político, manifiesta la falta de ética de los políticos y los abusos con los humildes. Es muy interesante cómo Cantinflas siempre tuvo una actitud en contra de los abusos, pero no critica precisamente la manera de hablar de los políticos, sino su manera de actuar. En todo su discurso hay, evidentemente, una especie de sátira a esta manera de hablar del político que expresa muchísimas palabras, pero en el fondo no dice nada.
–¿Qué puede aportarle a México que cantinflear se haya admitido como verbo?
–Muestra una manera de ser del mexicano, el cual utiliza demasiadas palabras para llegar a su mensaje nuclear, incluso sus maravillosas formas de cortesía son enormemente complicadas. Cantinflas retoma la enseñanza de los merolicos, que por desgracia han desaparecido de nuestro panorama nacional, y que más que vender un producto lo que vendía era un discurso, su discurso envolvente, hueco, pero recreativo. Cantinflas hace un homenaje a esta manera de hablar del pueblo, y el pueblo lo reconoce y se reconoce en él.
–¿Por que aceptaría la Real Academia Española introducir en su diccionario estas palabras?
–Porque es una presencia muy fuerte en los países de habla hispana, como en Sudamérica. Una amiga colombiana me decía que ella creció pensando que Cantinflas era de su país. Supo ya grande que era mexicano. Su fama rebasa fronteras porque “el peladito”, “el lépero”, es un ser unánime en toda América Latina. Es un linaje desde el siglo XIX. Claudio Linati habló del lépero, del pelado. Esa prenda de vestir que lleva Cantinflas con gran orgullo, que es la gabardina, tiene que ver con esa única prenda que llevaba el lépero antes.

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