La semana pasada tuve la buena fortuna de testificar en una audiencia sobre Venezuela en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, por invitación del senador republicano Bob Corker. Fue una reunión extraordinaria en un momento extraordinario en Washington.

Aunque al inicio de la audiencia los senadores sugerían imponer más sanciones a los líderes venezolanos, ya al final de la sesión el debate se centraba en la necesidad de una diplomacia multilateral enérgica. El senador Marco Rubio, uno de los encargados de legislar las sanciones existentes, sugirió que lo más importante que el gobierno de Trump podía hacer era apoyar la solicitud del secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, para activar a la Carta Democrática Interamericana.

Es un avance constructivo. Existe un mar de diferencia entre sanciones impuestas unilateralmente por Estados Unidos y la aplicación de la carta democrática por parte de los miembros de la OEA. La Carta Democrática de la OEA tiene legitimidad de origen: fue escrita y firmada por los miembros, incluyendo a Venezuela.

Fuente: New York Times