Por Martha Hilda González Calderón

Entre todas las voces de mujeres famosas que se alzaron para fijar su posición en la Marcha de Mujeres en Washington, fue una la que particularmente conmovió.

Su voz serena, al repetir una consigna, estableció en su profundo sentido el corazón de la marcha: “Ningún ser humano es ilegal”. Esta mujer tuvo todas las agravantes para haber sido considerada, a finales de los 70’s, como “la criminal más buscada” por la CIA. Por ser mujer, ser negra, ser comunista y líder del movimiento de las Panteras Negras. Su liberación, después de una acusación infundada, fue una bandera para las voces progresistas de la época. Su nombre: Angela Davis.

Angela Davis tiene la frescura de una joven de 74 años. Se desenvuelve en el corazón del mundo capitalista, pero está lejos de permitir que se calle su voz de denuncia. Previene contra Trump cuando señala que “. . . la historia no puede ser borrada como una página Web”, menos las conquistas de las mujeres. Y es enfática al señalar que el racismo corrompe a las instituciones y a las comunidades, haciendo permisibles los abusos.

Cuestiona el liderazgo de las mujeres políticas tradicionales y califica de feminismos rebasados aquellos que sólo se enfocan en la ruptura de los techos de cristal. Atribuye la derrota del Partido Demócrata a que sólo se enfocó a un sector de la población: mujeres blancas que pertenecen a la clase media, olvidando así a los grandes grupos de mujeres de clases populares y sus distintas banderas. Aun así, los resultados son contundentes: 94% de las mujeres negras votaron por Hillary Clinton; un 53% de mujeres blancas votaron por Trump. Para ella es un claro ejemplo de que los criterios racistas son aún más fuertes que los de género.

Establece que el objetivo del feminismo más que ser parte del aparato gubernamental, radica en transformar a la sociedad. La agenda de las feministas es incluyente, es transversal (o transacciónal) y se justifica porque tiene en la justicia un valor que no es negociable. Por eso, la lucha de las mujeres incluye las banderas que están contra la Islamofobia, el antisemitismo, la homofobia, el racismo, los nacionalismos exacerbados, entre otras.

Para las mujeres políticas su voz debiera ser una guía para revisar nuestras agendas, para no cerrarnos solamente a los temas de géneros, aprender de Angela Davis a estar alertas, ahora qué -pareciera- que los demonios se han soltado. Hoy, más que nunca, se necesitan mujeres “malas”.

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