De cabellera gris, andar displicente, discreto pero omnipresente, casi siempre en la misma habitación que Donald Trump, Stephen Bannon, ‘consejero en estrategia’, es sin duda el hombre fuerte de la West Wing de la Casa Blanca.

Un dibujo satírico resume el sentimiento ampliamente compartido en Washington dos semanas después de la llegada al poder del empresario inmobiliario: un enorme Stephen Bannon sosteniendo la mano de un pequeño Donald Trump que firma un decreto y lo felicita con un tono paternalista por sus primeras medidas.

Crítico virulento del ‘establishment’ y las ‘élites’, este hombre de 63 años, exjefe del medio de comunicación ultraderechista Breitbart News, reivindica la ruptura con los políticos, pero también los usos y costumbres de la capital federal.

Además, Bannon recurre con evidente deleite a la provocación. “Asistimos al nacimiento de un nuevo orden político, y cuanto más se alarman las élites mediáticas tanto más poderoso se vuelve este nuevo orden político”, declaraba hace unos días al Washington Post.

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La prensa estadounidense cuestiona el desmesurado lugar que ocupa el ‘presidente Bannon’, lo califica de ‘gran manipulador’. #StopPresidentBannon se convierte en una consigna de unidad en Twitter cada vez que el Washington Post lo ataca.

Uno de sus argumentos preferidos es que los medios tradicionales son miopes frente a las fuerzas que transforman la sociedad estadounidense y el mundo.

Incluso para los más conocedores de la política en Washington resulta difícil encontrar un asesor que haya adquirido tan rápidamente tanto poder en el gobierno estadounidense.

Los modos y el estilo de quien se identifica como ‘un nacionalista económico’ podían percibirse en el sombrío y ofensivo discurso de investidura de Donald Trump.

“A partir de hoy, Estados Unidos y solo Estados Unidos estará primero”, vociferó el nuevo mandatario antes de enunciar ‘dos reglas simples’: comprar estadounidense y contratar estadounidense.

Una semana después de la designación de Stephen Bannon como miembro permanente del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), una suerte de pequeño ‘ministerio de Relaciones Exteriores’ en el seno de la Casa Blanca, provocó una gran cantidad de críticas.

“Fue oficial de marina y tiene una fantástica comprensión del mundo y del paisaje geopolítico en el que nos encontramos”, argumentó Sean Spicer, portavoz del Ejecutivo, lo que no evitó las inquietudes provocadas por quien declaraba en 2010 que el Islam “no es una religión de paz” , sino “una religión de sumisión”.

Este exejecutivo de negocios de Goldman Sachs explica que creció en el seno de una familia obrera demócrata, proKennedy, prosindicatos, y que su feroz rechazo al ‘establishment’ se remonta al día en que se percató de que George W. Bush había provocado “tanto caos como Jimmy Carter”.

Más bien discreto con los medios tras el 20 de enero, tomó la palabra una sola vez para criticar con inaudita virulencia a los medios, de los que dijo en una entrevista con The New York Times que deberían sentirse “avergonzados”.

“Los medios son aquí el partido de oposición. No comprenden este país”, agregó. Algunos días más tarde, Donald Trump reproducía las palabras literales de su consejero en un tuit.

“Bannon sabe indudablemente cómo manipular al presidente para obtener lo que quiere”, estimaba esta semana el editorialista Frank Bruni en el New York Times, comparándolo con un personaje maquiavélico de ‘Otelo’ (obra de Shakespeare), que”murmura al oído del presidente historias halagadoras sobre la amplitud del ‘movimiento’ que encabeza”.

Para comprender mejor a este personaje que intriga y preocupa, los observadores estudian sus declaraciones pasadas, que dan una imagen sombría y conflictiva del mundo.

“Estaremos en guerra en el mar de China Meridional antes de 5 a 10 años. No hay ninguna duda al respecto”, afirmaba, por ejemplo, en marzo de 2016.

Hasta el momento, Stephen Bannon ha eclipsado totalmente a Reince Priebus, secretario general de la Casa Blanca que tiene cargo más influyente.

Agencia AFP

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