Al estar internado en un hospital un paciente no sólo lucha contra la enfermedad que lo aqueja sino también con sentimientos de miedo, depresión e incluso una sensación de abandono.

Ante esta realidad, desde hace cinco años Raúl Gallega Palomo se disfraza de payaso y bajo el nombre de “Yiyo” visita cada semana el Hospital Infantil de México, Federico Gómez.
Participamos en la labor de visitar a los pacientes, cama por cama, cada ocho días, llevándoles palabras de esperanza, de amor y de entusiasmo para que ellos puedan sentir la motivación de gente que está preocupada por ellos y está con ellos en la situación difícil en la que se encuentran”, relata.
Raúl es voluntario de la Fundación Por Un Hogar, organización con más de cien voluntarios que además de visitas a ocho hospitales de la Ciudad de México, cuenta con albergues en los que ofrecen techo y alimentos gratuitos a pacientes y familiares que viajan del interior de la República para recibir atención médica en la capital. Asimismo, durante la época decembrina hacen una colecta para llevar regalos navideños a los niños en los hospitales.
Soy voluntario porque al escuchar esta labor que hacían estas personas y al ver a mi familia sana, la verdad me nace del corazón participar”, afirma.
“Yiyo” asegura que llevar palabras de ánimo a los pacientes no es una labor sencilla pues en cada cama hay una historia que lo conmueve y para él es un reto estar enfrente de ellos.
Lo más duro es llegar al hospital y encontrarte con un pequeño que tiene mangueras por todos lados. La verdad es que me quebranta tanto el corazón como la voz y dice uno “híjole, ¿qué hacer para regalarle o sacarle una sonrisa a esos pequeños en esos momentos de dolor?”, comenta.
Pese a estas dificultades emocionales, cada vez que Raúl logra que los niños sonrían, encuentra una motivación para dejar un momento su tiempo libre, su trabajo y su familia para compartir unos minutos con las personas que lo necesitan.
Al verle las sonrisas a esos pequeños se me olvida la situación personal en la que yo me pueda encontrar y me queda el único anhelo de regresar. Es lo más satisfactorio que he vivido”, afirma.
En el caso de las visitas a salas infantiles, el ánimo no sólo se les da a los niños sino también a los padres que viven angustiados por la situación de sus hijos.
Me he encontrado con gente a la que le he tenido que decir “no estás solo, estamos aquí, échale ganas” y ves su cara de “¡Ah! Gracias”, mi aportación es llevar ese mensaje de esperanza”, relata.
A lo largo de estos cinco años, la convivencia con enfermos y sus familiares ha dejado en Raúl lecciones importantes que asegura lo han hecho crecer como persona.
La lección más grande con la que yo me quedo es que ellos en medio del dolor sonríen y muchas veces yo con un dolor de cabeza no quiero ir a trabajar. Ellos me ponen el ejemplo de lo que debo hacer y eso me motiva continuar”, concluye y ataviado con su disfraz de payaso sigue repartiendo sonrisas y regalos a los niños del hospital.

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