Retocar imágenes religiosas es un oficio que corre el peligro de desaparecer por la baja demanda que ha tenido en los últimos años en la capital mexiquense.

A decir de Axel, quien desde los siete años de edad sabe pegar brazos, pintar, resanar, desde hace una década las personas han dejado de seguir esta tradición, en especial en estas fechas en las que El Niño Dios debe estar perfecto para ser colocado en el Nacimiento durante los primeros minutos del 25 de diciembre.


“Mis padres me enseñaron este oficio, yo aprendí siguiendo la tradición, desde los siete años. Depende de lo que tenga la pieza se va dando la dificultad, si viene quebrado, en especial los que son de madera, se va complicando el trabajo”, comentó mientras con pinceles y lija arreglaba el brazo de uno de los niños Dios que las familias se siempre le dejan.

Hasta un 30 por ciento, en comparación con el año pasado, sus ventas han decaído, añadió, pues son pocas las nuevas familias las que se acercan, la mayoría llevan siendo años sus clientes, pero, mientras en temporadas anteriores retocaban hasta 500 semanas, actualmente con trabajos llegan a las 150 y el número baja año con año.

“Los clientes de siempre consideran estas piezas parte de su familia, los ven como un integrantes más, por eso les damos buenos precios, vamos desde los 50 pesos en adelante, dependiendo el grado de dificultad que tenga la imagen. La realidad es que la gente ahora prefiere comprar piezas que ya son más duraderas, como las de porcelana”.

A su parecer, la crisis de identidad va desde poner el nacimiento, pues muchos de los mexiquenses ya no lo hacen como antes, es decir, con figuras que iban desde pastores y animales hasta la sagrada familia, con heno y lama, ahora, prefieren lo simple.

Resaltando que ya son tres generaciones de su familia las que se dedican a los retoques de imágenes religiosas, hizo un llamado a las familias para que se recuperen las tradiciones y no dejen que oficios como éste se pierdan a través del tiempo.

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