El pasado domingo 11 de diciembre del año en curso, mientras viajaba a bordo de su motocicleta en circulación de la carretera Toluca-México, la ahora Senadora de la República, Ana Gabriela Guevara, fue agredida en un hecho de tránsito en el que el conductor de una camioneta tipo Voyager, golpeó su motocicleta y al reclamar la acción, descendieron cuatro sujetos del vehículo, para golpear a la ex medallista olímpica.
 

Vale la pena realizar una serie de análisis al respecto, por ejemplo: el hecho de que el territorio de la carretera México-Toluca se ha visto envuelto en diversos hechos, como son robos, homicidios, etc.,razón por la cual debería de tener un operativo policiaco permanente, sobre todo los fines de semana,que es cuando se congestiona el tránsito; dentro del territorio del Estado de México existen diversas cámaras que supuestamente son monitoreadas constantemente, sin embargo, ninguna autoridad acudió de manera rápida en auxilio de la ex atleta para lograr la detención de los agresores; más allá de la inacción de las autoridades para proteger a los ciudadananos, resulta reprobable que las personas reaccionen tan violentamente en contra de otra.

 

Muchos comentarios han surgido en torno a estos hechos, algunos de ellos muestran de igual forma un México que nos duele ver, donde se impone la ley del más fuerte, mientras que nuestras autoridades reaccionan tardíamente, aunque claro, seguramente en los próximos días conoceremos a los agresores puesto que la agredida es una figura pública, pero lo que más nos debería preocupar y ocupar son aquellas víctimas (sean hombres o mujeres, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, etc.) que solo son parte de una cifra y día a día exponen su vida, su integridad, sus pertenecias, y que no tienen una autoridad que se sensibilice ante los hechos que ocurren en nuestro país de forma cotidiana, donde lo único que se debe hacer por parte de ellos es cumplir con el deber para el cual fueron electos y para el que se les paga. Y los ciudadanos también somos culpables por no exigir un cambio real en la forma de conducir un gobierno. 

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