Nico Rosberg y el británico Lewis Hamilton, ambos de Mercedes, se juegan la gran corona en Abu Dabi.

La respuesta se conocerá en el circuito de Yas Marina, situado en un lejano y desértico país, última cita del calendario de un campeonato mundial compuesto de 21 citas, en las que en muchas de las cuales, carreras no vimos, pues solo se observaron dos monoplazas plateados en cabeza, repartiéndose los triunfos casi de manera ‘estudiada’, no por el equipo, sino por factores externos, para tener este final.

‘Abu Dhabi’ para el resto del mundo, ‘Abu Zabi’ en idioma autóctono, significa ‘padre de las gacelas. Sin embargo en ese emirato, el cuadrúpedo más habitual es el camello. Hasta la aparición del petróleo en grandes cantidades, 1970, su riqueza se basaba en los dátiles, además de valiosas perlas en sus cálidas aguas costeras. Pero al poseer el 10 por ciento de las reservas mundiales de crudo y el 5% de las de gas natural lo cambiaron todo.

La superficie del territorio tiene forma de ‘T’, con unos 67.340 kilómetros cuadrados de extensión. Menos de un millón de habitantes oriundos y el doble de forasteros, para ‘asistirles’ adecuadamente. Su cifra de PIB, es una monarquía absolutista y federal, se estima en unos 379.460 millones de euros. De su reparto, nada se sabe.

El trazado del circuito de Yas Marina se encuentra en una isla artificial. Se extiende a lo largo de 5.554 metros. Presenta 21 curvas y tres sectores claramente diferenciados. Bajo sus focos emergerá el triunfador definitivo del 2016.

Será porque la temporada concluye, será que los nuevos propietarios quieren cerrar el año con nuevas esperanzas para la abnegada afición. Lo cierto es que cuestiones largamente debatidas y solicitadas, aparecieron casi por arte de magia sobre la mesa del Grupo de Estrategia, en una reunión celebrada en la ciudad Suiza de Ginebra. Desconozco si sobre la mesa había algo más que agua o café. Así que Chase Carey, de Liberty Media, escuchó con atención algunas ideas sobre el rumbo que debe tomar la Fórmula 1 en un futuro próximo.

Y claro está, se habló de una normativa más sencilla y clara, sumada a un catálogo de sanciones acorde con una competición automovilística de bólidos de carreras. Encima, uno de los jefes de equipo, propuso que se cree un grupo de comisarios de carrera estable, para tener por fin, decisiones coherentes, consistentes y sólidas. El problema, como siempre, es que todo quedó en el aire, pendiente de volverlo a discutir en una nueva cita.

Mucho se cacarea que las nuevas normas técnicas en los coches del 2017 pueden cambiar lo visto hasta ahora, más cuando desde la llegada de las PU, de 58 GPs disputados, 50 han caído del lado de los de Toto Wolff & Company. Ross Brawn, que de esto sabe algo, comentó lo siguiente: “Cuando lleguen las nuevas reglas, alguien les sacará provecho de forma más rápida que el resto. Eso fue siempre lo que yo intenté hacer, pero esa cuesta que viene se nivela y todo el mundo se pone al día”. No hace falta añadir que si ahora los de Mercedes rinden como lo hacen, parten como favoritos sin lugar a dudas.

Luego opinó sobre el factor clave de esos ‘cambios’, dejando de lado el tema de los neumáticos, centrándose solo en el downforce: “Si creas más rendimiento aerodinámico, más vulnerable eres respecto al coche de delante”. Por tanto, eso no llevará de ninguna manera a carreras más disputadas, salvo el abrir la bajara de la encorsetada reglamentación actual al máximo posible.

No cabe duda de que Max Verstappen, sobre todo desde su ascenso meteórico al equipo Red Bull Racing al llegar la caravana multicolor a tierras europeas, está dando muestras de ser un piloto muy prometedor. Fue palmario que en la pasada carrera del Gran Premio de Brasil, refrendó que hasta en unas condiciones tan complejas como las allí vistas, cuando los comisarios dejaron competir a los pilotos, tuvo una conducción digna de elogios por muchos comentaristas del circo.

Bien es cierto que la máquina que maneja, junto a sus manos, se lo permiten. Pero quizás también sea aventurado y prematuro compararle por algunos de los mentados con mitos de la Fórmula 1 como Ayrton Senna, por ejemplo. “Es muy bueno todo lo que se escribe, pero es importante permanecer calmado. Debería siempre seguir con las mejoras porque nunca eres lo suficientemente bueno”, confesó con inteligencia el joven holandés. Desde luego de cumplir lo dicho, parece una buena senda a seguir.

Estoy convencido que Bernard Charles Ecclestone, por su edad, conoció aquellas sesiones de cine, donde mediada la proyección esta se interrumpía durante varios minutos con el famoso cartel ‘visite nuestro bar’. De otra manera no puedo entender su idea de trocear un GP de F1. “Dos carreras de 40 minutos, con un paréntesis entre ambas, con entrevistas de los pilotos y en los que se pueda trabajar en los coches, sería interesante para los telespectadores”, dijo el británico. A continuación añadió sin aportar dato alguno, que sepamos, la siguiente afirmación: “A las cadenas de televisión y a los patrocinadores les encantaría”.

Encima apostilló sin venir a cuento que los deportes en Estados Unidos tienen tiempos muertos porque las audiencias americanas no se pueden concentrar. En mi opinión, esto es lo que tiene confundir una bota y un botijo, en vez de ir al fondo del problema, es decir, que desde hace tiempo la afición no presencia verdaderas y reñidas carreras de monoplazas.

Algo sucede desde hace tiempo en la Scuderia Ferrari, pues la cantidad de salidas, muchas, véase técnicos de alta responsabilidad, supera con creces a las llegadas, mínimas. Para colmo de hablar de las primeras, son con carácter definitivo, sin intención alguna de reconsiderarlo pasado un tiempo, aún siendo este prolongado.

Este es el caso de Aldo Costa, actual jefe de ingeniería de los de Brackley. Así el nacido en Parma hace 55 años, aseguró sin el menor género de duda, que atracción por regresar al equipo de Maranello, cero. Parece muy lógico lo dicho, pues desde que hizo las maletas, año 2011, poco o nada ha cambiado para bien por aquellas tierras. Mientras tanto por el equipo de las estrellas plateadas, todo brilla y reluce. “Estoy muy bien en Mercedes. Ésta es mi casa y no tengo la tentación de ir de nuevo a Ferrari”, confesó a un conocido medio de prensa del país transalpino.

Pues o Marchionne evoca aquello de ‘hogar dulce hogar’ o a este paso se queda en soledad extrema. Fuente: caranddriverthef1.com/Samuel Gómez.

Redacción La Nación 

Advertisements

¿Qué te parece?