Por Mónica Fragoso

Contra todo pronóstico, Donald Trump es ahora presidente electo de los Estados Unidos de América, y su triunfo deja una estela de incertidumbre puesto que no se sabe con exactitud que parte de todo lo que dijo durante los 17 meses de campaña es realidad, y que fragmentos pertenecen a una actuación electoral, cuyo papel fue allegarse de votos de diversos sectores.

Lo cierto es que su triunfo deja perplejo al mundo, lo que se ve reflejado en la volatilidad con que se están comportando los mercados bursátiles, pues Trump no cuenta con experiencia en el ejercicio público, su practica la basa en ser un empresario. Ahora bien, recordemos que una cosa es ser candidato y “prometer” u opinar sobre algo que aparentemente es o no pertinente, y otra muy distinta es gobernar y vincular todo el aparato del Estado en lograr cumplir esas promesas o amenazas, lo innegable es que con su triunfo se da inicio a una nueva etapa en el Gobierno.

Las reflexiones que debemos considerar en el plano político por el triunfo de Donald Trump, son las siguientes:

1.- Los candidatos con una trayectoria fuera de la política son mucho más atractivos para el electorado, pues el enojo de la ciudadanía por la clase política (incluyendo la de Estados Unidos) es, sin duda, un halo de esperanza para la sociedad.

2.- Las encuestas y estudios de opinión pública respecto de la elección se mueven de forma constante, de tal manera que no generan certeza.

3.- La crisis democrática en que nos encontramos ha permitido que el ciudadano se vincule únicamente al voto (para ejercerlo o no), y no a otras formas de participación ciudadana constante, lo que ha dado como resultado un desencanto social, buscando con ello nuevas formas (aunque sean polémicas) de encontrar un portador de un discurso diferente.

Hablar de democracia, estableciéndola como un juego de azar, es una absoluta mentira. Ciertamente la depravación de la política se ha ido construyendo sólidamente a través de los años, por un actuar antiguo de la clase política, que no ofrece nada nuevo; y mientras no se quiera cambiar a un sistema más participativo, ético y honorable, la continuaremos padeciendo, pues seguiremos atrapados por elegir a un personaje “diferente” que no necesariamente implique ser la persona idónea para gobernar.

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