Por Mónica Fragoso

El pasado lunes 31 de octubre, alrededor de las seis horas del día, cuando cuatro sujetos se disponían a bajar del autobús que provenía del municipio de San Mateo Atenco con dirección a la Ciudad de México, luego de haber robado a los pasajeros que viajaban en él, un sujeto  se levantó de la parte trasera y comenzó a dispararles.

Los presuntos asaltantes cayeron heridos, para que después el pasajero ahora llamado “justiciero” les diera “el tiro de gracia”, para después recoger algunos morrales en los que se encontraba dinero, carteras, teléfonos celulares y demás objetos de valor que les habían quitado a los pasajeros del autobús, para devolverlos a sus propietarios.

Todo ello ocurrió a la altura del kilómetro 38 de la carretera Toluca-México, y aunque parezca el relato de una película, estos hechos fueron verídicos y son muestra del hartazgo que existe ante la falta de acciones concretas y reacciones inmediatas de nuestros gobernantes.

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Por una parte el Procurador Mexiquense refirió que la zona donde ocurrieron los hechos, no es de alta incidencia delictiva, pero luego de lo ocurrido se solicitará que se refuerce la seguridad de la misma; aunque dicha premisa es una absoluta mentira dado que en redes sociales existen diversos videos donde se aprecia que esta presunta banda de asaltantes realizaba robos de manera constante en la zona, con el mismo modus operandi, y que incluso esto era conocido por las autoridades.

En el Estado de México existe un grave problema de criminalidad. En los primeros nueve meses de  este año se han registrado 26 mil denuncias por robo con violencia, y por si fuera poco, ahora que las investigaciones han avanzado en este caso, le han dado prioridad a detener al pasajero que disparo a los asaltantes, pero no existe un interés en prevenir o frenar los asaltos a los ciudadanos que viajan de forma frecuente en el transporte público, y tampoco existe en  ninguno de los demás delitos que ocurren en el Estado.

Estimado lector, no soy defensora del actuar del pasajero que enfrentó y privó de la vida a los presuntos asaltantes, ya que para eso tenemos leyes y autoridades; pero es evidente que ante la inacción de la autoridad todos los ciudadanos están más que molestos, y por lo tanto se han generado acciones como linchamientos o justicia por propia mano. Lo cierto es que la autoridad en general debería de ser más eficaz y eficiente, pero sobre todo consciente de que si no llega a frenar esta serie de acciones, éstas se reproducirán en mayor medida para vivir en tiempos del “Ojo por ojo y diente por diente”.

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