La novena de la ‘ciudad de los vientos’ ganó su tercer título de las Mayores y el primero después de 108 años, al vencer a los Cleveland Indians

“Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.” No esta vez. No para los Chicago Cubs. En el recuerdo quedan ya los 108 años de sequía, la centenaria agonía de una franquicia que desde 1908 vivió frustraciones, proclamas malditas, desatinos de algún aficionado y la rutina de la desilusión que sólo se defendía con insensibilidad.


Las lapidarias líneas con las que el escritor colombiano Gabriel García Márquez cerró su más emblemática novela, “Cien años de soledad”, era el epitafio perfecto para el equipo “muerto” de las Mayores, que justo en el día de los fieles difuntos conjuró todas sus maldiciones y le dio a todos sus aficionados una alegría inédita, incluso a los que ya en el más allá se quedaron esperando por ella.

Los Chicago Cubs vencieron 8-7 a los Cleveland Indians en el séptimo y definitivo juego de la Serie Mundial 2016. Esta línea es la que resume el partido más importante de beisbol para nuestra generación y, quizás, de la historia completa de las Grandes Ligas. La maldición de la cabra ya es sólo un recuerdo pese a todas sus ambigüedades: no hay duda alguna de que estos 108 años son simplemente eso: una anécdota. Una muy larga anécdota.


Desde el primer bateador del partido los Cubs avisaron que llegaban con ganas de reescribir la historia: Dexter Fowler conectó un largo batazo que se voló la barda por el jardín central e hirió a un Corey Kluber que llegaba con etiqueta de garantía a la lomita para los Indians.

Su contraparte, Kyle Hendricks, inició dominante, pero los Indians reaccionaron en la tercera con un sencillo de Carlos Santana que llevó a Coco Crisp para la carrera del empate. Juego nuevo después de un tercio de partido.


Pero poco le duró el gusto a los locales. En el cuarto episodio, Addison Russell conectó un elevado muy corto al central, pero Rajai Davis tardó en reaccionar y Kris Bryant se arriesgó en el pisa y corre; su osadía tuvo recompensa al llegar safe a home. Le devolvió la ventaja a los Cubs y dio un golpe psicológico importante.

Poco después, Wilson Contreras conectó un batazo que pegó en la barda del jardín central y Ben Zobrist llegó caminando a la registradora. 3-1. En la quinta, Javy Báez se voló la cerca por el central y Kluber finalmente fue sacado del partido.

El relevo de Andrew Miller no funcionó. Los envalentonados Cubs hicieron una jugada de batear y correr, Anthony Rizzo pegó un sencillo y Kris Bryant voló desde la primera base hasta home para poner el 5-1 parcial. Hasta el séptimo partido vimos a unos Cubs agresivos, irreconocibles en el resto de la serie.


Pero las decisiones de Joe Maddon le pusieron drama al partido. Pese a tener el juego controlado, el manager de los Cubs decidió cambiar a su abridor y Hendricks le dejó su lugar al estelar de la rotación abridora, Jon Lester, quien, sin embargo, no se halló en su primera labor de relevo en más de diez años, ni él ni su catcher de confianza, David Ross, quien no pudo controlar uno de sus lanzamientos, la pelota le pegó en la careta y el dramático wild pitch le costó dos carreras, pues entraron Carlos Santana y Jason Kipnis a la registradora.

La revancha, sin embargo, llegó rápido: el veterano David Ross, en su último partido en las Grandes Ligas, sorprendió a todos al pegarle un cuadrangular al relevista estelar de los Indians, Andrew Miller, por el jardín central (sí, ¡otra vez por el central!). Chicago recuperaba un poco de su ventaja con el 6-3 y, además, Ross aseguró retirarse como el autor de un cuadrangular con mayor edad en la historia de las Grandes Ligas.

Aroldis Chapman entró al partido a cuatro outs de asegurar el título, pero le pegaron rápido: Brandon Guyer conectó un doblete entre central y derecho que llevó a José Ramírez a home. 6-4.

Pero eso no fue suficiente: con un hombre a bordo, Rajai Davis le pegó secó a un lanzamiento del cubano y lo botó por encima de la barda del jardín izquierdo. Juego nuevo. En la octava.

Así celebró Davis su home run en la octava entrada.
Así celebró Davis su home run en la octava entrada. AP
Sequías de 108 y 68 años. Juego 7 de la Serie Mundial. En extrainnings. Y con retraso por lluvia al terminar la novena entrada. Más drama, imposible. Sólo así podía terminar un Clásico de Otoño entre los Indians y los Cubs. Las lonas cubrieron el campo del Progressive Field sólo por unos minutos, suficientes para que Chicago se reordenara.

Porque en la décima, Ben Zobrist aprovechó que tuvo casa llena y pegó una línea implacable por el izquierdo, para llevar a Albert Amora a home. Y justo después, Miguel Montero conectó otro sencillo que remolcó a Anthony Rizzo. El relevo de Brian Shaw fue un fiasco: 8-6 y Chicago volvía a estar a tres outs del anheladísimo campeonato.

Del otro lado ya no salió Aroldis Chapman. Carl Edwards Jr. fue el encargado de conjurar 108 años de lamentos. Retiró a Mike Napoli y José Ramírez, pero dio base por bolas a Brandon Guyer; Rajai Davis, conectó un sencillo que llevó a Guyer a home. Al relevo Mike Montgomery, quien dominó a Michael Martínez.

La eternidad duró del 14 de octubre de 1908 al 2 de noviembre de 2016.

Nunca más la cabra. Nunca más 108 años de soledad.

Redacción Univisión

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