Morelia, México (03 octubre 2016).- Los dos hombres que fueron detenidos por el asesinato del párroco de Janamuato, Michoacán, resultaron ser elementos del Ejército Mexicano, según fuentes.

Se trata de Vicente N. y Francisco N., quien de acuerdo con las primeras investigaciones, estaban destacamentados en Michoacán para labores contra la delincuencia y el día del asesinato del sacerdote José Alfredo López Guillén, el pasado 19 de septiembre, se encontraban francos.

Según las líneas de investigación que sigue la Procuraduría estatal, el párroco fue contactado en redes sociales por el soldado Vicente N. y acordaron un encuentro.

La cita fue en la casa parroquial de Janamuato, a donde el militar llegó acompañado de Francisco N.; el sacerdote estuvo conviviendo con ellos varias horas.

Por la noche, habría surgido una discusión tras la cual ambos militares sometieron al religioso, se apoderaron de dos vehículos que estaban en el inmueble y planearon deshacerse del cuerpo.

El Procurador estatal, Martín Godoy, confirmó esta tarde la detención de los presuntos homicidas y el resultado que llevan las indagatorias.

“Vicente y Francisco sometieron al sacerdote, a quien maniataron con unas prendas de vestir para luego envolverlo en una cobija y meterlo a la cajuela de un automóvil Jetta, propiedad de la víctima”, afirmó en un mensaje ante los medios de comunicación.

El funcionario dijo que uno de los soldados condujo el auto y el otro se llevó la camioneta Tornado que estaba en la misma sede eclesiástica, para enseguida escapar.

Esa misma noche, según Godoy, asesinaron al sacerdote disparándole cuatro balazos con un revólver; luego abandonaron el cuerpo a la orilla de la carretera Puruándiro-Zináparo, a unos kilómetros de Janamuato.

Aunque Godoy evitó mencionar el oficio de los acusados, fuentes cercanas a la investigación confirmaron su vínculo con el Ejército y el contacto que habían establecido con el cura por medio de una cuenta que éste manejaba en Facebook con un nombre distinto.

El Procurador enfatizó que lo ocurrido al párroco no fue un ataque a la Iglesia ni un ajuste de cuentas del crimen organizado.

“Que quede claro: los hechos investigados no fueron un secuestro; los hechos investigados no fueron motivo de la delincuencia organizada. Los hechos investigados no se trataron de ataques a la Iglesia.

“Se trató de un hecho de convivencia social que surgió como consecuencia de las diferencias entre participantes”, sostuvo Godoy, quien no dio margen a preguntas de los medios de comunicación.

Redacción El Norte 

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