En un mensaje enviado a los medios de comunicación, bajo el título “¿Para qué me reuní con Donald Trump?”, el Presidente Enrique Peña justifica bajo 3 puntos, la invitación realizada a los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos.

 Como introducción, a grandes rasgos agrega que el gobierno mexicano ha observado atentamente y con absoluto respeto el proceso electoral en Estados Unidos, y como ambos candidatos tienen la posibilidad de ocupar la Presidencia, es su responsabilidad trabajar con quien resulte electo. Por ello, le hizo saber tres cosas a Trump: la primera fue que en México nos sentimos agraviados y dolidos por los pronunciamientos sobre los mexicanos, la segunda es que era fundamental poner en justa dimensión la importancia que tiene México para los Estados Unidos  (diariamente circulan por la frontera más de un millón de personas, 400 mil vehículos que el comercio entre ambos países supera 500 millones de dólares al año) y, en tercer lugar, referir que la frontera es un desafío conjunto que requiere un enfoque de corresponsabilidad.

 Por otra parte, es fundamental conocer que las relaciones entre países, son regidas por la política exterior, y para ello existen principios o preceptos que se deben respetar. Para normar ciertas actuaciones y establecer los límites y reglas de convivencia entre los Estados existen diversos tratados internacionales que son importantes ya que proponen soluciones a problemas mutuos.

 El manejo de la política exterior entre México y Estados Unidos a lo largo de la historia ha sido muy compleja, ya que en Estados Unidos existe una brecha de desarrollo multifactorial en comparación con nuestro país, mientras que México se ha enfocado mayormente a buscar soluciones de los problemas que han sido comunes como la migración, el tráfico de armas, de estupefacientes, de dinero, etc.

 Un requisito sine qua non de una buena relación entre los países, sobre todo cuando comparten una frontera en común, es el respeto de la soberanía de cada uno de ellos, así como la no intervención de decisiones internas de cada Nación; por ello, la invitación realizada a los dos candidatos a la Presidencia de Estados Unidos no debió de realizarse, pues al hacerlo se intercedió en un tema de política electoral interna de nuestro país vecino, haciendo a un lado la relación diplomática con el Presidente Obama.

Seguramente este acto de “buena voluntad” -que no se manejó correctamente y que además no se dejó testimonio fehaciente ni en el discurso oficial, ni en lo manifestado por Trump de que se hubiera defendido a los mexicanos de forma tajante y firme-, nos traerá represarías a nuestro país, las cuales se sentirán una vez realizada la elección en los Estados Unidos, sobre todo si Hillary Clinton es quien ocupa la silla presidencial, pues será muy difícil olvidar que recibir en México a Trump lo hizo subir en las encuestas electorales.

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