Leoncio González regresaba a su casa con su mujer en los primeros minutos del domingo y, de camino, vio en la mano contraria de la avenida Quaranta, en el cruce con Santa Catalina, cerca de la terminal de ómnibus de Posadas, un auto destrozado.

Era el registro del segundo accidente que veía esa noche: el anterior, con un motociclista arrollado cuatro horas antes. Decidió sacar fotos para subirlas a Facebook y “contribuir a generar conciencia”. Veinte minutos después, al llegar a su vivienda, Leoncio se enteraría de que la víctima del segundo choque era Juan Francisco, su hijo de 22 años.

Recibiría, además, otro dato conmocionante y demoledor: lo había embestido una chica de 15 años que iba al volante de un Mini Cooper que su padre, que tiene una concesionaria, le había regalado para el cumpleaños. Sin registro -imposible, a su edad-, sin papeles del coche, sin seguro… Nada la habilitaba a conducir. La adolescente, luego de protagonizar la tragedia, se negó, incluso, al test de alcoholemia ante los agentes de tránsito que intervinieron. La llevaron detenida y salió enseguida.

“Ella es una criatura, una nena. El irresponsable es el padre que le regaló un arma”, se lamentaba ayer González. Lo mismo repetía el intendente de la capital de Misiones, Joaquín Losada: “No es fácil cuidar a los hijos, pero regalar un auto a una nena de 15 habla de una enorme irresponsabilidad”.

Laura, la madre de Lautaro González -que tenía una hija de dos años y trabajaba en un taller- dijo que el joven quedó a decenas de metros de su Gilera 110 cc. Aunque la dinámica del hecho es aún motivo de peritajes -se determinó que el choque fue frontal, pero no quién circulaba por el carril indebido-, la madre de la víctima sostuvo que el Mini Cooper lo arrastró decenas de metros.

Responsabilidad

“Decidí sacar fotos para intentar crear conciencia. Dos hechos en poco tiempo… Esta vez, no quería tomar imágenes del cuerpo de la víctima. Estaba como a 100 metros, irreconocible. Me lamenté por su familia”, relató Leoncio González ayer. Lo que no sabía es que era el cuerpo de su hijo. “A los 20 minutos de llegar a casa nos llamó la policía”, agregó el hombre. “¿Fue por el accidente del Mini Cooper?”, preguntó azorado, y le dijeron que sí.

Juan acababa de salir de su trabajo e iba a su casa, en donde vivía con su mujer, su suegra y su pequeña hija, cuando lo encontró la muerte.

En cada entrevista, Leoncio González siempre se refirió a la menor que conducía el Mini Cooper como “una niña, una criatura”. “El verdadero irresponsable es su padre. Él es un asesino. Y no me digan que se trató de un homicidio doloso. Es un crimen con dolo eventual porque cuando él le regaló el auto debió saber que su hija podría lastimar a alguien”, enfatizó el hombre, ex suboficial de la policía misionera.

Por ser menor de 16 años, la chica no puede ser sometida a un proceso penal. Tampoco está previsto que esa responsabilidad se traslade a un tercero, aclaró el juez de Menores de la causa, César Jiménez. En este caso, sólo cabría un juicio civil indemnizatorio, por el que sí deberían responder los padres de la menor.

Ayer, ante el juez Jiménez, el padre de la chica, Josué Páez, reconoció haberle regalado el vehículo importado a su hija, pero afirmó que “lo tenía guardado para cuando la adolescente tuviera la edad mínima permitida para conducir”.

Alberto Silveira, de la ONG Luchemos por la Vida, se mostró indignado: “Con estos actos, los adultos no asumen su verdadera responsabilidad para educar. Darles un auto, una moto, un cuatriciclo, es un acto de amor malentendido. Ni aún con 17 años, la edad permitida para tener el registro, un joven está suficientemente capacitado para conducir”.

No sería el caso de esta adolescente. Los vecinos de la concesionaria que tiene su padre en la capital provincial contaron que al menos desde los 11 años la chica manejaba, según informó el portal Misiones Online.

Páez dijo al juez que su hija no asistió a la audiencia por estar deprimida. Sin embargo, horas después del accidente, la chica escribió en Instagram, en respuesta a las críticas en su contra: “Que se sigan curtiendo y hablando, cuando sepan realmente cómo fueron las cosas, ahí que opinen”, puso.

Su papá es un reconocido empresario del sector automotriz de Posadas y dos años atrás fue investigado por la Justicia Federal por venderle un rodado a un supuesto narcotraficante. Estuvo detenido tres días, pero quedó en libertad.

Penas más duras

La muerte de González reavivó la polémica y las presiones para que se apruebe una nueva ley nacional vial, con penas más duras para los infractores, en un país en el que cada año mueren 7000 personas por accidentes de tránsito.

“Hace falta una legislación más contundente. Hoy, la vida en la Argentina vale menos que una multa de tránsito. Si a esta chica le hacían un control, le secuestraban el auto y luego su papá pagaría para llevárselo. Con esta muerte, ni siquiera eso”, dijo a LA NACION Viviam Perrone, de la Asociación Madres del Dolor. Volvió a reclamar que el Senado nacional trate el proyecto de la nueva ley, que podría perder estado parlamentario a fines de 2016.

Redicen La Nación Argentina