A lo largo de casi cuatro décadas y seis películas, Kenny Baker formó parte fundamental de una de las sagas cinematográficas que más pasiones levanta, y sin embargo, muchos de los seguidores de Star Wars puede que no sean capaces de identificarlo sin su vestimenta de R2-D2. Según ha recogido el diario británico The Guardian, el actor ha fallecido a los 83 años, cuenta su familia en un comunicado.

“Nos lo esperábamos, pero es triste de todas maneras. Ha vivido una vida larga repleta, ha llevado enormes cantidades de felicidad a la gente y ha sido amado por todo el mundo, estamos orgullosos de él”, ha declarado su sobrina, Abigail Shield.

El actor interpretó por primera vez al droide en La Guerra de las Galaxias, en 1977, y solo ha faltado la última de las siete películas de la saga, donde sirvió de consultor para Jimmy Vee, que lo sustituyó en las tareas robóticas. De hecho, solo supera su marca Anthony Daniels, C-3PO, que puede presumir de haber formado parte de toda la historia de Star Wars. De ellos dos siempre se dijo que su relación fue de lo más conflictiva detrás de las cámaras. “Daniels es el tipo más grosero del mundo”, decía Baker en su día. En 2008 un programa de televisión intentó que charlaran ante la cámara, pero no lo logró: “Si pelotas de oro aparece, yo me voy”, recuerda The Telegraph que dijo el actor de R2D2.

Aunque la serie galáctica haya marcado su carrera (estuvo incluso en el infame especial de Navidad 1978), Baker también ha participado en películas como Los Goonies, Los héroes del tiempo de Terry Gilliam, Flash Gordon, Flash Gordon, Mona Lisa de Neil Jordan y El Hombre Elefante de David Lynch. En El retorno del Jedi, además, le dejaron esconderse bajo el pelaje del ewook Paploo, con el que pudo jugar un poco más con sus registros vocales.