4.7 millones de mexicanos mayores de 15 años de edad no saben leer, ni escribir; 9 millones no concluyeron sus estudios de primaria y 16 millones no terminaron la secundaria.

Y aunque en el Estado de México se redujo el analfabetismo del 4.4 por ciento al 3.3 por ciento, seguimos por debajo del índice de la media internacional según lo establecido por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Municipios como Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl, Atizapán de Zaragoza y Toluca, tienen mayor rezago educativo.

Resulta imprescindible aclarar que el analfabetismo se concentra más en las zonas indígenas (mazahua y otomí), así como en las zonas urbanas debido a la migración de personas que provienen de lugares rurales.

También es importante señalar que ya debe terminar ese doble discurso de las autoridades de decir que les importa la educación cuando en realidad se siguen entregando más apoyos que no cambian el estado de pobreza de las personas.

Por todo ello no debemos olvidar que la educación de los adultos es fundamental en el desarrollo del país, pues es como se les da la posibilidad de integrarlos a la sociedad, de obtener un trabajo digno y mejor remunerado, de incrementar su autoestima, de convertirse en ejemplo para sus hijos y sus nietos, de abrir la posibilidad para que se incorporen a otros aspectos educativos como el uso de tecnologías; por ello el gobierno y la sociedad deben de trabajar en conjunto para buscar incluso mejores estrategias para abatir el rezago educativo en ellos, que puede incluir la creación de brigadas para que se trasladen a las comunidades que las necesiten, tal y como se hicieron en anteriores décadas, pero con la firme convicción de dotar a cada persona de la herramienta más importante para terminar ese ese círculo de pobreza y desesperanza: la educación, no olvidando que a mayor educación, menor desigualdad.

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