Ribón y Liz se convirtieron este sábado en la primera pareja homosexual en contraer matrimonio dentro de un penal de Jalisco; tras un año de trámites y preparativos obtuvieron el permiso para que la ceremonia civil se realizara en el patio central del penal femenil de Puente Grande.

Aunque los invitados estaban citados a las 13:00 horas, Liz llegó temprano al reclusorio, vestida con un traje negro, para ayudar a Ribón —presa desde hace ocho años y acusada de delincuencia organizada— con los preparativos.

Adornaron una de las terrazas del jardín con listones, moños y encaje, colocaron mesas y flores, construyeron un pequeño espacio que les permitió, por unos momentos, sentirse fuera de la prisión.

Subida en un par de tacones con la misma textura de su ceñido vestido blanco, Ribón caminaba de un lado a otro procurando que todo estuviera listo, recibiendo con abrazos a los invitados que llegaban de dentro y fuera del penal, 50 en total.

Algunos niños jugaban en el jardín con mujeres vestidas de beige o blanco (sus madres, sus tías, sus hermanas, tal vez); en las rejas de los cuatro bloques contiguos se aglutinaban algunas mujeres para mirar hacia el pequeño espacio donde Ribón y Liz habían comenzado a celebrar; una vigía observaba todo desde la torre colocada en el ingreso del penal.

A las 13:30 horas, acompañado de la fiscal de Reinserción Social, Marisela Gómez Cobos, y del fiscal de Derechos Humanos, Dante Haro Reyes, llegó el oficial del Registro Civil Número 2 del municipio de Tonalá para encabezar la ceremonia.

“Nos hemos reunido aquí para llevar a cabo el matrimonio civil entre Liz y Ribón, con esto vamos a dar cumplimiento a la disposición emitida por la Suprema Corte, con lo cual vamos a llevar a cabo su matrimonio civil igualitario”, señaló el oficial.

Ante la pareja, explicó que este acto les otorga los mismos derechos y les impone las mismas obligaciones que a cualquier pareja reconocida por el Estado mexicano.

Después de que se comprometieron mutuamente ante el oficial, éste se disculpó por no haber preparado un discurso oportuno para la ceremonia y continuó con el protocolo de las firmas, las huellas digitales y el aval de los testigos.

Ambas hicieron sus votos al entregarse los anillos: “Recibe este anillo como prueba de mi amor, para amarte y respetarte todos los días de mi vida”; el oficial selló la unión: “Con el poder que me otorga el gobierno del estado de Jalisco y el municipio de Tonalá, a partir de este momento las declaro legítimamente unidas en legítimo matrimonio civil en nombre de la ley y la sociedad”.

De pronto, desde uno de los patios contiguos, un grito resonó, quizá como reconocimiento, quizá como acertada ocurrencia ante lo que niega la Iglesia y defiende el Estado: “¡Que viva Benito Juárez!”.

Los presentes corearon la petición del beso, el besó llegó, le siguieron los aplausos y una lluvia de flores cortesía de las sobrinas de Liz que entraron a la celebración; posteriormente, durante unas horas todo fue celebración en el penal.

Al final de la ceremonia, el fiscal de Derechos Humanos, Dante Haro, consideró que Jalisco está sentando un precedente en el respeto irrestricto de los derechos humanos de los internos en penales.

Reconoció que fue complicado conseguir un oficial del Registro Civil que accediera a realizar la ceremonia, pues algunos se negaron argumentando que aún no se armonizan totalmente las leyes locales con lo dispuesto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SJN).