El autor del atropellamiento premeditado en Niza, Mohamed Boulhel, no estaba fichado como sospechoso de terrorismo, pero sí contaba con varios procedimientos judiciales abiertos por actos de violencia, amenazas y robo.
El ministro de Justicia francés, Jean-Jacques Urvoas, explicó que en marzo pasado Boulhel había sido condenado por el Tribunal Correccional de Niza a una pena de seis meses por un altercado de tráfico, pero no tuvo que ingresar a en prisión.

Previamente, se le había impuesto un control judicial, el cual cumplió y se le levantó el día en que le dictó sentencia.

Por ese mandato judicial, Boulhel tuvo que abonar una fianza de 1,000 euros, acudir cada semana a la comisaría y no acercarse al hombre al que agredió lanzándole un objeto de madera.

El fiscal de París encargado de investigar el atentado, François Molins, informó que el tunecino de 31 años contaba con antecedentes penales en Francia por delitos cometidos entre 2010 y 2016.

Molins ratificó que el atacante no estaba fichado por los servicios secretos franceses y que nunca había sido parte de informaciones que pudieran hacer pensar que era un radical.

La noche del jueves, Boulhel arrolló con un camión a decenas de personas que habían asistido a la quema de fuegos artificiales por el Día de la Bastilla —la fiesta nacional francesa— y disparó en contra de unos policías que intentaron detener su vehículo. Finalmente, murió a tiros por la policía.

El atentado ha dejado un total de 84 muertos —10 menores de edad— y 200 heridos, de los cuales 50 se encuentran entre la vida y la muerte, informó este viernes el presidente francés, François Hollande.

Niza es uno de los puertos y centros turísticos y económicos más importantes de Francia, por su salida al Mediterráneo. Políticamente, es uno de los puntos de entrada de migrantes de África.

Esta masacre ocurrió ocho meses después de los atentados de París en los cuales suicidas de ISIS mataron a 130 personas en varios ataques coordinados.