Al llegar a la sede de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), el Papa Francisco sorprendió a todos, ya que llegó sin escoltas.

Los hechos ocurrieron cuando el Máximo Pontífice le pidió a su chofer salir del Vaticano sin escolta, lo cual fue calificado en un relato oficial como una “travesura nunca antes cometida”.

“Soy el papa; no te preocupes, que estamos en las manos de Dios”, le dijo Jorge Mario Bergoglio a su acompañante.

El hombre cumplió las órdenes y condujo el vehículo blanco hasta el número 1 de la Via della Conciliazione, la gran avenida que une la Plaza de San Pedro con Roma. Una vez allí el pontífice bajó, tomó un ascensor hasta el cuarto piso y tocó el timbre.

El hecho relata que una de las empleadas de la CAL acudió a abrir la puerta; por supuesto que la empleada se quedó  maravillada al ver parado ante ella a Francisco.

“¡Buenos días! ¿Puedo pasar?”, preguntó Francisco, vestido de blanco. “¡Santo padre!. ¡Qué increíble sorpresa!”, respondió ella totalmente conmocionada.

A la llegada del papa Francisco, los dos sacerdotes y las mujeres que prestan servicio en el lugar sostenían una reunión con el secretario, Guzmán Carriquiry, uruguayo y amigo de vieja data de Jorge Mario Bergoglio. Entonces llegó otra de las empleadas a toda velocidad y los interrumpió: “¡el santo padre!. ¡Rápido, el santo padre!”.

Apenas tuvieron tiempo para reaccionar cuando se escuchó la voz del insólito huésped acercarse por el pasillo. Entonces Carriquiry salió a dar la bienvenida a la puerta de su despacho, mientras el líder católico lo interrumpió con una pregunta: “Buenos días, ¿tienes tiempo para conversar un poquito?”.

Ambos dialogaron por varios minutos en privado, mientras afuera los trabajadores todavía estaban azorados por la “increíble situación”. Le preguntaron entonces al chofer qué había ocurrido, y él les dio algunos detalles.

El papa Francisco le pidió desviarse después de una visita a un consultorio odontológico ubicado dentro del Vaticano, él le respondió que era “complicado” pero Francisco insistió. También contó que, al ver salir el vehículo por la puerta de Santa Ana, los guardias suizos sólo atinaron a hacer un saludo solemne.

Parecía “una acción completamente natural y rutinaria”, la “primera travesura de este tipo”, añadió el escrito.

Tras la conversación privada con Carriquiry, el papa Francisco compartió un breve diálogo con los presentes. Saludó a cada uno y demostró “una mem006Fria impresionante”, porque sacó a relucir detalles de todos. Recordó sus tiempos de cardenal, cuando era miembro de la CAL y asistía a las reuniones plenarias.

Volvieron a la memoria las “tardes de oficina” en las que Bergoglio se ofreció, más de una vez, a quedarse trabajando para ayudar en la redacción de los documentos conclusivos. Luego todos se tomaron una foto del recuerdo y Francisco les dio su bendición.

El encuentro duró más de 40 minutos.

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Redacción Impacto.mx

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