Durante muchos años esta especie fue masacrada; sin embargo, desde la década de los 70 diversos países adoptaron políticas de protección y veda total. 

De 1937 a 1967, décadas en las que se comercializó de forma indiscriminada la piel de cocodrilo, tan sólo en el estado de Tabasco se vendieron 425 toneladas de piel, lo que equivale a cerca de 280 mil individuos, señaló en la Universidad Autónoma del Estado de México, el especialista Marco López Luna, quien subrayó que lo trágico es que en la actualidad, la entidad sureña no suma ni siquiera 80 mil ejemplares adultos.

Durante su participación en el Simposio Internacional “Biología de la conservación: Grandes depredadores en México”, organizado por el Centro de Investigación en Ciencias Biológicas Aplicadas (CICBA) de la UAEM, en coordinación con la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (CEPANAF) y el Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (COMECyT), sostuvo que los diferentes tipos de cocodrilos existentes en el país están bajo protección especial.

Al hablar sobre la situación actual de la conservación de los cocodrilos en México, enfatizó que durante muchos años estas especies fueron masacradas; sin embargo, desde la década de los 70 diversos países adoptaron políticas de protección y veda total.

El investigador de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco destacó que con los cocodrilos mexicanos de rio no es posible hacer intercambio comercial de un país a otro y sólo pueden ser ocupados para fines de investigación o educación.

En tanto, el cocodrilo Moreletii sí se comercializa de un país a otro, siempre y cuando provenga de una granja y nunca de vida silvestre. Al respecto, el experto aseveró que en México existen siete granjas de cocodrilos que se dedican a la reproducción, pero sólo tres de ellas son exportadoras de piel.

Marco López Luna, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), puntualizó que la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) efectúa estudios con la intención de que se realice un aprovechamiento sostenible de poblaciones de cocodrilos, en beneficio de pobladores.