Por: Mónica Fragoso

Paradójicamente la libertad de expresión es uno de los derechos humanos más importantes, pero también uno de los más peligrosos de ejercer.

Desde 1951 el presidente Miguel Alemán Valdés estableció el 7 de junio como el día para celebrar el derecho de la libertad de expresión.

Artículo 19, una organización dedicada a la defensa del derecho humano a la libre expresión, presentó su informe anual denominado “Estado de censura”, donde se analiza el ejercicio pleno de la libertad de expresión y la violencia contra la prensa durante el 2014. En el informe enfocado a nuestro país, revela que cada 26 horas se agrede un periodista, lo que quiere decir que en la actual administración del Presidente Peña las agresiones contra la prensa casi se duplicaron comparadas con las del sexenio de Felipe Calderón, en el que se agredía a un comunicador cada 48 horas; además de que a tan sólo dos años de haber iniciado el gobierno de Peña, 10 periodistas han sido asesinados en posible relación con su con su trabajo, y cuatro más han desaparecido, mientras que las investigaciones respectivas no señalan a ningún culpable.

El diagnóstico documentó también 326 ataques contra periodistas y medios de información, las agresiones ya sean físicas o materiales, fueron las de mayor registro con el 43 por ciento del total de los casos, le siguen las intimidaciones con 16, las detenciones arbitrarias con el 14 y las amenazas con un 13 por ciento.

Del total de las agresiones registradas, el 48 por ciento son responsabilidad de funcionarios siendo los principales atacantes.

El Estado donde más se agrede a la prensa es la Ciudad de México con 85 casos, le sigue Quintana Roo con 42 y Veracruz con 41.

Sin duda, a todos debería de preocuparnos este diagnóstico, pues la libertad de expresión más allá de ser un derecho humano, es la llave maestra para descubrir actos de corrupción, es parte también del derecho a la información, de ahí la gran importancia, y debe radicar en hacernos activistas de la defensa de la libertad de expresarnos libremente sin tener miedo alguno por opinar de forma diversa; pues ello es parte de los mínimos estándares que cualquier democracia debe tener.

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