En mayo de 2014 el gobierno municipal de Toluca comenzó a instalar un sistema de alarmas vecinales, y se conformaron 162 grupos de habitantes de las colonias de la capital, a fin de generar un esquema de organización y participación ciudadana, cuyo fin primordial sería la prevención del delito, atención de emergencias médicas o de protección civil, lo que costó más de 6 millones de pesos.

Luego de casi dos años de su instalación, el funcionamiento de éstas es menor del 80 por ciento, presentando una serie de problemas, siendo el más frecuente la incomunicación con el sistema de monitoreo del propio municipio.

Esta misma problemática se repitió con el programa de modernización de módulos de policía, dentro del cual se pretendía arreglar 40 de los 72 instalados en todo el territorio municipal, siendo utilizados sólo 21 de éstos, y hasta la fecha no se sabe si se hicieron oficinas, bibliotecas, etc., pues muchos de ellos se aprecian abandonados e incluso bandalizados.

Cuando el actual presidente municipal comenzó su cargo, refirió que muchos de estos modelos de seguridad pública se encuentran en desuso, por ello se realizaría una conversión para que se les diera otro destino, claro diverso de la seguridad pública.

Cuando escuchamos las últimas declaraciones, del titular de la presidencia municipal, entendemos que para él la seguridad de los toluqueños no es una prioridad, y aunque las alarmas vecinales y los módulos de policía por sí solos no son grandes instrumentos de efectividad, sin duda diversas acciones sumadas sí lo son, pues en otros países la colocación de alarmas vecinales con una distribución clara, así como reactivar el uso de los módulos de vigilancia para transformarlos en un  programa de “vigilancia comunitaria por cuadrantes” ayudaría a generar una percepción de mayor seguridad, ya que tendría un efecto disuasivo comprobado incluso en otros países.

Siempre, estimado lector, hemos sostenido que todo puede lograrse, Toluca sí puede llegar a ser un municipio seguro, siempre y cuando exista voluntad de sus autoridades en reconocer que el problema es grave, y aplicando acciones específicas, claras y concretas con las enunciadas anteriormente el panorama de inseguridad se transformaría indudablemente.

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