A diferencia de la mayoría de los jóvenes norteamericanos que buscan entrar a algunas de las más prestigiosas universidades del país, para lo cual deben postular, completar formularios, enviar recomendaciones y esperar la carta de aceptación o rechazo, aparte de estar dispuestos a pagar las costosas matrículas (para lo cual generalmente se endeudan), hay unos pocos por los cuales las universidades corren y juegan todas sus fichas por conseguir que se inscriban en sus campus.

El caso más recientemente es el de Malia Obama, la hija mayor del Presidente de Estados Unidos, quien decidió entrar a la Universidad de Harvard, algo que hará a mediados del próximo año. Fue un comunicado oficial de la Casa Blanca el que explicó el domingo pasado que la hija de Barack Obama había elegido la casa de estudios de Cambridge, donde precisamente estudiaron leyes sus dos padres.

En su caso, donde su apellido puede haber sido el principal aval en su postulación aunque su padre asegura que tiene muy buenas notas, no hubo necesariamente carta de aceptación, sino que ella escogió dentro de un abanico de universidades y lo hizo público, como si se tratase de una decisión presidencial, con un comunicado.

Pero Malia Obama no es la única ni será la última cuyo “fichaje” es disputado por las más exclusivas universidades. Esos centros de estudio “pujan” por sumar a todos aquellos alumnos que puedan representar atractivos réditos, ya sea en materia económica como en prestigio. Las universidades buscan captar a ese tipo reducido de potenciales alumnos que cuentan con el llamado “gancho”, aquello que los distingue de los demás jóvenes. Entre esos están aquellos cuyas familias ya han donado fortunas a las universidades o esos posibles estudiantes cuyas familias prometerían convertirse en jugosos donantes. Y los otros son jóvenes de alguna relevancia, ya sea por méritos propios o de sus padres.

Malia visitó durante 2015 algunas de las universidades más importantes de Estados Unidos, seis de las cuales pertenecen a la prestigiosa Ivy League. Así, pasó por la Universidad de Columbia, en Nueva York, Stanford y Berkeley, en California, y Princeton, en Nueva Jersey, por nombrar algunas. También conoció una de carácter público, en Pennsylvania.

Coincidentemente, en los últimos 40 años, todos los presidentes de Estados Unidos que vivieron en la Casa Blanca con sus hijos, eran padres de niñas. Es el caso de Jimmy Carter (1977-1981) que vivió en la mansión presidencial con la menor de sus cuatro hijos, Amy. Bill Clinton (1993-2001), compartió esos años con su hija única hija Chelsea, y ahora Barack Obama, con Malia y Sasha.

Amy Carter se mudó de la Casa Blanca con 14 años y años después ingresó a la Universidad Tulane, Nueva Orleans. Chelsea Clinton ingresó a Stanford en 1997, cuando aún su padre estaba en la Presidencia. Barbara y Jenna Bush, las hijas de George W. Bush, aunque no vivieron en la Casa Blanca, pudieron exhibir su apellido para entrar en las universidades de Yale y Texas, respectivamente. Mal que mal su abuelo había sido Presidente (1989-1993) y su padre era entonces candidato presidencial republicano.

La próxima batalla abierta que se vislumbra en esta guerra entre las universidades es la por matricular a la joven paquistaní Malala Yousafzai. La ganadora más joven en la historia del premio Nobel de la Paz -que se hizo conocida mundialmente por su activismo a favor de los derechos de la niñas para poder ir a la escuela, y que sufrió un atentado que casi le cuesta la vida- podría postular a la universidad en los próximos meses y aunque está terminando la secundaria en Reino Unido, ha dejado la puerta abierta que podría escoger alguna de Estados Unidos.

Fuente Latercera.com

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