Los embarazos a temprana edad o en adolescentes, son un problema que va creciendo. En el país, cada año nacen casi medio millón de bebés de jóvenes menores de 19 años de edad, esto gracias a la falta de información que se supone, deben brindar las instituciones públicas, pero sobre todo, la familia.

Desde 1997 la tendencia de embarazos en niñas va a la alza en México, el promedio de número de nacimientos con madres menores de 20 años cada año crecía entre un 2.5 y un 3.2 por cierto, según cifras del INEGI. La cantidad de embarazos en niñas con edades de entre los 12 a los 16 años es la que más ha crecido, pues hasta el año 2012, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, revela que en 2011 nacieron 2.58 millones de niñas y niños, de los cuales 473 mil tuvieron como madre a una adolescente.

Debido estas cifras, se ha generado una estrategia nacional diseñada en coordinación con 13 dependencias federales, cuya finalidad primordial es erradicar los embarazos de niñas menores de 14 años para el 2030, y se comenzará a aplicar en los Estados de la República Mexicana que registran un mayor índice de éstos. Las entidades que lideran las estadísticas de niñas embarazadas de acuerdo a cifras del INEGI son: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Guanajuato, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Puebla y Aguascalientes.

Lamentablemente no existe una cifra oficial que refiera si el varón asume la responsabilidad de ser padre, o no, pero se estima de acuerdo a fuentes de la Secretaría de Educación Pública, que solamente en dos de cada 10 embarazos, los padres son corresponsables.

Lo cierto es que este tipo de embarazos se han generalizado en diversos países, donde incluso son considerados como un problema de salud pública, con aristas multifactoriales, pues dentro del núcleo familiar no se habla de salud reproductiva, en materia educativa solo se menciona el tema de forma generalizada y las instituciones públicas no realizan acciones preventivas, pues están diseñadas para atender la problemática; por todo ello, esta estrategia nacional cobra una gran relevancia debido a que tiene como meta erradicar en unos años más, por lo menos embarazos de niñas menores de 14 años. Ojalá que esta no carezca de lo que la mayoría no tiene, un sistema de evaluación del impacto en las acciones de éstas 13 dependencias, pues como siempre hemos concluido, lo que no se evalúa no puede medirse en efectividad o fracaso.