El precandidato republicano, Donald Trump, declaró hoy que, de llegar a la Casa Blanca, su administración no aceptará acuerdos comerciales que tengan un impacto adverso para Estados Unidos, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual calificó como “un desastre que sólo ha vaciado al país de fábricas y trabajos” y advirtió que “habrá consecuencias” para las empresas estadounidenses que muevan sus operaciones a otros países.
El magnate señaló que “nunca más se firmará un tratado como ese. Mantendremos nuestros empleos. Habrá consecuencias para compañías que lleguen a EU, nos exploten y después se vayan. Ningún ciudadano estadounidense volverá a sentir que está en segundo lugar”.
“El mundo es más pacífico y próspero cuando Estados Unidos es fuerte. Estados Unidos continuará jugando el papel de pacificador. Siempre ayudamos a salvar vidas y la humanidad misma, pero para jugar ese papel tenemos que hacer a Estados Unidos fuerte otra vez”, aseguró en un discurso de casi una hora pronunciado en un céntrico hotel de Washington.
El magnate aseguró que si gana los comicios presidenciales impulsará una política exterior basada en los intereses de Estados Unidos, y que “reparará” el desastre económico y militar del actual gobierno.
Al presentar su visión de política exterior para un gobierno bajo su dirección, el magnate inmobiliario se presentó como el único candidato presidencial capaz de reorientar el curso que, aseguró, se perdió tras el fin de la Guerra Fría.
Trump aseguró que las administraciones posteriores fracasaron en desarrollar una política exterior con una nueva visión, calificando la actual de ingenua, confusa, arrogante, “un desastre”.
“Es tiempo de sacudir el óxido de la política exterior de Estados Unidos. Es tiempo de invitar nuevas voces y nuevas visiones. Mi política exterior pondrá siempre los intereses de los estadunidenses y la seguridad de Estados Unidos sobre todo. Tiene que ser primero”, indicó Trump.

Trump delineó una agenda enfocada particularmente en Medio Oriente, el combate del islamismo radical y naciones como Irán, Rusia y China, omitiendo por completo a Europa y América Latina.
“Estados Unidos primero será el tema más importante y principal de mi administración, pero para delinear nuestra ruta hacia delante, debemos primero echar un vistazo atrás”, dijo el puntero de la contienda republicana, para quien el declive de la política exterior estadounidense se inició al fin de gobierno de Ronald Reagan.
El resultado ha sido el surgimiento de amenazas nuevas como el grupo terrorista Estado Islámico (EI), una mayor desestabilización de Medio Oriente tras la caída del gobierno de Hosni Mubarack en Egipto y el acuerdo nuclear con Irán y la pérdida de respeto en la escena internacional.
“Nuestros rivales no nos respetan más. De hecho están confundidos como nuestros aliados, pero un problema mayor es que no nos tomen más en serio La verdad es que no nos respetan”, aseveró.
Como prueba de ello recordó que cuando el presidente Barack Obama arribó en marzo pasado a Cuba para su histórica visita, ningún miembro de la dirigencia cubana estuvo en el aeropuerto para darle la bienvenida.
La propuesta de política exterior ofrecida por el millonario de bienes raíces descansa en cinco grandes apartados, el primero de los cuales fue el fortalecimiento del ejército, aunque insistió que sólo recurrirá el uso de la fuerza como último y necesario recurso.
Replanteó la presencia de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) al insistir que éste lleva el mayor peso de la carga económica, por lo que dijo que “los países que defendemos deben pagar su defensa”, y deben estar preparados para defenderse ellos mismos.
De igual modo, dejó en claro que bajo su administración, no se permitirá a Irán tener armas nucleares, y aseguró que bajo su gobierno Estados Unidos recobrará al respeto perdido, mejorará las relaciones con Rusia y usará el poder económico que ejerce sobre China para meter en cintura a Corea del Norte.
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