México, 13 abr (EFE).- El hallazgo de la lápida y posible tumba de Miguel de Palomares, canónigo español que en el siglo XVI integró el primer cabildo eclesiástico de México, puede arrojar nuevas luces sobre la evangelización en las primeras décadas de la conquista.

“Fue un personaje muy importante que llegó a la Ciudad de México en 1532; es muy probable que aquí se encuentren sus restos”, informó Raúl Barrera, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU) de la Ciudad de México al situar históricamente el descubrimiento.

Palomares, explicó, fue un clérigo que “seguramente tuvo contacto con los conquistadores, con Hernán Cortés” y junto con Fray Juan de Zumárraga fue parte importante en la evangelización en la etapa inmediata a la conquista de Tenochtitlán y la formación de la Ciudad de México.

Barrera confirmó que Palomares formó parte del primer cabildo eclesiástico de México, creado en 1536 por el obispo Fray Juan de Zumárraga.

“Para nosotros es un hallazgo sumamente importante”, dijo Barrera al destacar que esta lápida, de una etapa posterior a la prehispánica, corresponde al nacimiento de la colonia y de México.

La losa que cubre la posible tumba de Palomares tiene escrito en castellano antiguo la leyenda “aquí yace el canónigo…” además de añadir frases en griego sobre su origen y fecha de nacimiento, comentó Barrera.

Con base en esta información, el titular del PAU reveló que Palomares era, posiblemente, natural de Calahorra (España), estuvo en Cuenca y llegó a México antes de 1530, donde vivió en Veracruz antes de llegar a la Ciudad de México en 1532.

Sobre la losa se delinea un escudo con tres flores de lis, símbolo vinculado con la orden dominica, aunque “por ahora no es posible precisar que el canónigo haya sido miembro de esta institución”, detalló Barrera.

El experto explicó que la lápida, con dimensiones de 1,87 metros de largo, 90 centímetros de ancho y un grosor de 30 centímetros, está fracturada por la mitad a consecuencia de un orificio que la atraviesa y que seguramente fue hecho años en trabajos de alguna obra pública.

“Está fracturada y será trasladada” para “estabilizar y estudiar el material” al museo del Templo Mayor, principal centro ceremonial de los mexicas (aztecas) y usado durante la conquista como cimiento para construir el actual centro histórico de la capital mexicana.

“Estamos en proceso de investigación, es muy importante ir viendo a detalle la escritura, se trata de un castellano antiguo y menciona al canónigo Miguel de Palomares”, indicó Barrera.

La lápida fue hallada por azar a mediados de febrero al excavar para colocar luminarias en los límites externos de la catedral explicó Mariano Leyva, director del Fideicomiso Centro Histórico, quien reportó el descubrimiento a los arqueólogos.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) consideró que, de hallarse los restos de Palomares, los arqueólogos tendrán información “sobre las prácticas mortuorias con los capitulares de la catedral de México en la primera mitad del siglo XVI”.

Los expertos también podrán conocer “la dieta de un individuo de origen español que vivió sus últimas décadas en la naciente ciudad novohispana”, explico el INAH en un comunicado.

En el mismo lugar de la lápida, los arqueólogos han hallado restos de un muro que se cree puede corresponder a la primera catedral mandada a construir por Hernán Cortés en 1524 en lo que fue el límite sur del recinto sagrado de México-Tenochtitlán.

Los expertos valoraron el descubrimiento porque consideran que son muy pocas las veces que se pueden tener referencias directas a personajes históricos, especialmente en un momento clave como es la época entre la conquista y la colonia, destacó el INAH.

La ciudad de México-Tenochtitlán se rindió a los españoles en agosto de 1521, con lo que se marcó el fin del imperio azteca y el nacimiento de la Nueva España.

Después de la conquista militar y política, comenzaron a llegar a México clérigos de las principales órdenes religiosas. En primer lugar los franciscanos, después los dominicos.

Zumárraga, cuyos restos están en la Catedral Metropolitana, fue el obispo de México en 1531, cuando el ahora santo indio San Juan Diego, le llevó las rosas en su ayate (manta) en la que se plasmó la imagen de la Virgen de Guadalupe.

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