La semana pasada en Caracas quemaron vivo a Roberto José Fuentes Bernal, quien presuntamente había cometido un delito. Sin derecho a explicación y después de una brutal golpiza, lo llenaron de alguna sustancia inflamable para luego prenderlo en llamas. Era inocente.

Parece que linchar delincuentes y quemarlos vivos se ha convertido en una terrible moda en Venezuela. Para poder entender esto, primero tienes que saber que mi país es un lugar donde los servicios básicos no funcionan: no nos llega el agua, nos cortan la electricidad, el servicio de aseo es un desastre, la inflación está a niveles estratosféricos y la inseguridad es el pan de cada día de cualquier ciudadano —sin importar bando político o estrato social—, pero esos son sólo algunos de tantos problemas.

Al unir todos estos ingredientes tenemos como resultado una bomba social que en cualquier momento puede estallar. Lo sientes en las calles, al caminar por la avenida o al ver a cualquier persona mientras lee la prensa en el metro. La desesperanza y resignación se han instalado en el rostro del venezolano. Es como un desgano generalizado que hace que no podamos funcionar al cien por ciento. La frustración por todo lo que nos pasa diariamente ha llegado a un punto máximo en la historia y, ante este sentimiento, se está volviendo más y más común que cada persona tome represalias o acciones por cuenta propia, pues la resignación a que ningún ente gubernamental sea efectivo ha llegado a cambiar nuestra actitud.

Estamos en medio de un estallido social sin precedentes y parece que el “ojo por ojo y diente por diente” es la nueva ley. Bienvenidos a la deshumanización: un proceso psicosocial por medio del cual se llega a percibir a otro ser humano como un mero objeto carente de dignidad.

Gracias a esto pasó lo que se podía evitar. De acuerdo a Contrapunto, Roberto era chef y días antes de su linchamiento había encontrado un nuevo trabajo en un restaurante cerca de la zona del crimen. Afuera de una estación de metro, un adulto mayor fue asaltado y arrojado al suelo. Roberto se acercó para auxiliarlo, pero la gente desesperada lo confundió con el delincuente.

A Roberto lo golpearon varias veces en la cabeza y le causaron una herida profunda que llenó de sangre su ropa. Mientras la multitud veía el hecho y esperaban a la policía para que se llevaran a Roberto, un hombre se acercó y llenó su cuerpo de gasolina mientras gritaba “Robó al viejo” para luego prenderlo en fuego.

En segundos Roberto se prendió en llamas. Dos personas —con sentido común— que estaban presentes trataron de apagar el fuego para luego trasladarlo a la clínica más cercana que, por cierto, debido a la escasez de medicamentos no tenía los insumos necesarios para tratar quemaduras de segundo y tercer grado. Luego de trasladarlo a otro hospital y estar en cuidados intensivos, el corazón de Roberto no aguantó y murió debido a un infarto causado por estas quemaduras.

Redacción planoinformativo.com

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