La velocidad a la que nos acostumbraron los medios audiovisuales, su sintaxis, afecta nuestro tiempo de atención y capacidad de concentración, pero también todo lo que conocíamos, sostuvieron los escritores José Luis Trueba y Óscar de la Borbolla, durante la conversación que sobre el libro y la lectura, tuvieron en el Plantel “Nezahualcóyotl” de la Escuela Preparatoria, con estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Al participar en el Programa “Abril, mes de la lectura” de la UAEM, los escritores mexicanos afirmaron que “la familiarización con la velocidad de las pantallas provoca que cuando empezamos a leer y vamos por el segundo renglón, la mente se nos va, es decir, en lugar de que la lectura nos atrape, nos perdemos y se comprueba una vez más que antes que lectores, somos televidentes”.

Óscar de la Borbolla -escritor, filósofo y catedrático- y José Luis Trueba – periodista y escritor- consideraron que la rapidez con la que cambian las cosas en las pantallas ha provocado la pérdida de la capacidad de concentración. “Los periodos de atención se han hecho cada vez más breves y entonces ya no podemos traspasar con la lentitud de las palabras a la historia rica e interesante”.

Además, dijeron, hemos perdido prácticamente todos los tiempos verbales del español y utilizamos solamente dos: presente y pasado; para hablar del futuro hablamos del presente y decimos “nos vemos mañana”; estamos limitando nuestro vocabulario al presente y pasado simple.

Por otra parte, indicaron, el repertorio de palabras que empleamos se redujo, y al reducirse el vocabulario se reduce también la capacidad para pensar, pues la percepción se nos afina gracias a que tenemos la palabra para nombrarla.

La lectura, aseveraron, nos permite encontrar las palabras en su medio, nutrir nuestro vocabulario, que finalmente nos permite tener una mejor comprensión de nosotros mismos y del mundo, de enlazarnos con otros, de establecer vínculos verdaderos.

Finalmente, Óscar de la Borbolla y José Luis Trueba señalaron que la no lectura tiene un costo brutal; según el INEGI, el analfabetismo funcional cuesta aproximadamente 250 mil puestos de trabajo al año a universitarios.

Manifestaron que “parece ser que a los humanos lo que más nos gusta es enterarnos de historias y si esto fuera más o menos cierto, la lectura podría ser un medio para saber de los relatos de otros. Escucharlos o contarlos ha sido de interés de todos; sin embargo, la pregunta sería por qué siendo del gusto de muchos, la gente no considera que su pasatiempo principal sea el acto de leer”.

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