El mail llegó a las 18.03 del viernes 8 de mayo de 2015. Desde Bruselas, la número dos del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés), Marina Walker, me anunció: “Tengo algo con ángulo argentino fuerte. Mucho más que en cualquier otra historia reciente. En unas dos semanas te podré contar”.
Mendocina de nacimiento, estudios en Missouri y radicada desde hace años en Washington, Walker sabe de proyectos ambiciosos. Antes lideró las revelaciones sobre las cuentas del HSBC en Suiza (bautizado SwissLeaks) y otro sobre compañías fantasma en Luxemburgo. Así que ya habíamos trabajado juntos, con Maia Jastreblansky e Iván Ruiz dentro de la Redacción de LA NACION.
¿Por qué? Porque ICIJ funciona como un club al que sólo se entra por invitación de quienes ya lo integran. Y pertenecer tampoco implica ser convocado para todos los proyectos. Así, aunque Daniel Santoro, Ernesto Tenembaum, Horacio Verbitsky y yo figuramos como miembros por la Argentina, sólo yo fui convocado al inicio para este proyecto.
Diez días después, Walker me contactó otra vez. Tomaba forma “The Panama Papers”, fruto del material que habían empezado a analizar dos periodistas del diario alemán Süddeutsche Zeitung sobre Mossack Fonseca, una de las empresas más grandes del mundo dedicadas a montar sociedades offshore en paraísos fiscales.
De inmediato se definió la primera reunión de los periodistas convocados en Washington, donde ICIJ mantiene sus oficinas. Y se acordó convocar a un colega de otro medio argentino, y se tomó la decisión de invitar a Mariel Fitz Patrick, por El Trece.
Ese encuentro en Washington fue entre el 30 de junio y el 1° de julio. Viajó Fitz Patrick y, dado que se sabía que sería una reunión más técnica, desde LA NACION voló Ricardo Brom, miembro decisivo de LN Data, para que colaborara con el procesamiento del material. Ya contábamos con 1,5 terabytes de información y se estimaba que llegaría a los 2,4 TB. Pero fue más: 11,5 millones de documentos. El equivalente a 46 veces el material de WikiLeaks. Una enormidad.
Acceder a los datos conllevó aceptar las condiciones de ICIJ. Entre otras, que debían respetarse las pautas de seguridad en las comunicaciones y la fecha de publicación global que se acordara entre todos los periodistas convocados. Y que sólo ICIJ y el diario alemán decidirían si los 11,5 millones de documentos se subirían a Internet o no. Y no, no los subirán.
¿Cuál fue la primera fecha tentativa de publicación? El 15 de noviembre, pero con la posibilidad -que alentábamos los argentinos- de empezar antes, en octubre. Es decir, en plena campaña electoral en nuestro país.
Con el análisis del material aún en pañales, se convocó a un cónclave de los periodistas participantes. Fue en Munich, el 8 y 9 de septiembre, en la redacción del Zeitung, ya que sus periodistas habían obtenido la filtración. Viajamos Fitz Patrick y yo, junto con colegas de The Guardian, Le Monde, L’Espresso, BBC y algunos más.
En el encuentro central, el Zeitung informó sus hallazgos iniciales. ¿Uno de los primeros rostros que mostraron? El de la entonces presidenta Cristina Kirchner. ¿Por qué? Porque habían encontrado documentos sobre las 123 sociedades en Nevada que la justicia investiga si son de Lázaro Báez y movimientos de dinero con la sociedad Val de Loire, vinculada a un socio de Cristóbal López. ¿Qué pasó entonces? Que pedí que nos moviéramos con cautela porque no estaba probado que esas sociedades pertenecieran a Báez y que Val de Loire parecía pertenecer a Federico De Achával, socio de Cristóbal López, pero no al “zar del juego”.
Durante el cónclave en Munich, además, me tocó ser el “miembro informante” sobre los hallazgos iniciales sobre la Argentina. Algunos ya fueron publicados; otros aún no; y otros más serían luego descartados por tratarse de “falsos positivos”. Es decir, homónimos, no pudimos verificar las hipótesis y otras variantes.
En Munich también se definió postergar la difusión hasta el 7 de marzo. ¿Por qué? Porque la fuente del diario alemán seguía aportando material. Y porque si no podíamos publicar en noviembre, se concluyó que en diciembre no recibiría la atención suficiente por las fiestas de fin de año, ni durante enero, vacaciones en el hemisferio sur.
Equipo en marcha
En LA NACION ya se habían sumado a la pesquisa Jastreblansky y Ruiz -que resultaron decisivos-, con el soporte de Romina Colman y “Momi” Peralta Ramos por LN Data, mientras repartíamos tareas con Fitz Patrick.
El material llegaba por oleadas. Así, nombres que no aparecieron en las primeras búsquedas surgieron después, forzándonos a “peinar” la base una y otra vez.
¿Por qué llegaba en oleadas? Porque la fuente anónima del diario alemán enviaba información cruda -correos electrónicos, contratos, recibos, certificados y más- de Mossack Fonseca. Y luego los técnicos de ICIJ -junto a Brom desde Buenos Aires- debían procesarla, incorporarla a la base de datos encriptada y abrirla para la búsqueda de los periodistas.
¿Un ejemplo de esos hallazgos posteriores? Mauricio Macri. Su nombre recién saltó durante una de esas “peinadas” de rutina de Iván Ruiz, que de inmediato avisó al resto del equipo y a ICIJ. ¿Cuándo? El martes 8 de diciembre pasado. Feriado. Es decir, a dos días de que asumió como presidente.
Pero la búsqueda continuó, por lo que la fecha de publicación se postergó otra vez. Pasó del 7 de marzo al 3 de abril. Ese día, de manera coordinada, los 376 periodistas de 76 periodistas de 109 medios de comunicación comenzamos a difundir el material. Once meses después del primer mail de Walker.

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