Tras el siniestro, el crudo empezó a fugarse de la cisterna: en ese preciso momento varios vecinos decidieron sacar tajada de la tragedia y acudieron con cubos y contenedores para llenarlos de combustible. Poco después, el combustible ardió, envolviendo en llamas a todo el que se encontraba cerca y convirtiendo la calle en un verdadero infierno.

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