Nos dijeron que la tecnología y las redes sociales volverían nuestra vida más fácil y en honor a la verdad “redujeron distancias y acercaron personas” pero eso no quiere decir que nos hayan hecho un favor pleno, libre de errores y que ahora vivamos mejor, más civilizados y con mejor convivencia humana.

Las redes sociales viven bajo el mandato de Facebook, su abeja reina. Hasta ahora no han inventado otra que la supere en alcance o influencia. Más allá de las estadísticas que puedan arrojar organismos internacionales dedicados a medir el número de usuarios activos en esta red. La realidad es que cada hora ingresan miles de esclavos, perdón, de usuarios de esta red social.

Aquellos que tienen acceso a un teléfono inteligente lo primero que hacen al despertar es revisar el número de likes que tuvieron durante la noche. Quienes no tienen acceso a un teléfono inteligente casi no pueden esperar a llegar a sus lugares de trabajo para poder conectarse y enterarse de los últimos pormenores.

Las redes sociales tienen éxito porque gracias a ellas podemos espiar la vida de personas que nos interesan, es como si fuéramos con ellos, como si los acompañáramos y muchas veces ni siquiera tienen que enterarse.

Pero Facebook supera a todas las otras redes sociales por el número de usuarios que exponen su vida privada, lo que hace que al haber más personas a las que seguir u observar lleve al usuario a volverse adicto esta red.

Lamentablemente los contenidos que circulan en esta red, no son enriquecedores o propositivos, cuando más, son campañas llamando a la acción que no se traducen forzosamente en mejores sociedades. Por lo general, son memes, imágenes graciosas o burlonas, estados religiosos y en su colectivo “basura digital” que consumimos con voracidad.

Facebook se llevó nuestra intimidad, nuestro derecho a la privacidad. Nos volvió a todos figuras públicas y nadie está exento de cometer un error ortográfico o gramatical o ser expuesto en una foto poco apropiada para que ese estado, foto o video le de la vuelta al mundo en cuestión de minutos.

Algunos expertos dicen que usar Facebook deprime, “porque éste o aquel tienen una vida más divertida que la mía” no sólo hablamos de casos de suicidio sino de una depresión colectiva permanente y una insatisfacción crónica que nos deja cada vez más vacíos en un mundo donde estamos rodeados de cosas pero vacíos de valores.

Por último, sólo quiero pedirle que reduzca sus tiempos de navegación en redes, que deje de ser producto de anaquel que publica todo lo que hace, dice o piensa, todo lo que come y lo que no come, lo que compra o lo que no. Vuélvase un poco más humano y menos digital. Descubra por Usted mismo que si no publica su vida en una semana, el mundo (aunque Usted no lo crea) va a seguir girando.

Por: Maricela Gastelú.Captura de pantalla 2016-02-21 22.34.33

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