Con motivo de la celebración por el Día Internacional de la Mujer, esta semana tuve la oportunidad de visitar algunos Estados para impartir conferencias sobre la participación política de las mujeres y el empoderamiento de las mismas.

Dentro de los consejos que brindamos a las participantes se encuentra el de “Ahorrar para la política” porque “la política cuesta” “la política es cara” y “la política no da crédito”.

Al final del curso se acercó a mí, una mujer entre 30 y 35 años, bastante atractiva y muy participativa durante el curso. De forma respetuosa me comentó que ella “no necesitaba preocuparse por ahorrar ni invertir” porque “tenía varios amigos empresarios que podrían apoyarla”.

Sin embargo, no omití señalarle que recibir generosos patrocinios en la política (bueno, en política y en cualquier actividad a la uno se dedique) te resta autonomía y libertad en la toma de decisiones. ¿Qué pasaría? –Le pregunté- ¿si el día de mañana no quieres votar a favor o en contra un asunto pero tus patrocinadores te obligan?

Ya no hablemos de la coacción sexual que muchas mujeres (u hombres) se ven obligados a pagar por haber recibido favores económicos, ni hablemos (por falta de tiempo) del riesgo que corren las vidas de quienes reciben dinero del narcotráfico. Hablemos sencillamente de la poca capacidad de maniobra y elección con la que aquellos que llegaron al cargo mediante otros intereses tienen que vivir lo que dure su encargo público.

Si bien es cierto que se estila recibir dinero por parte de inversionistas, empresarios y el propio financiamiento público del Partido; también es cierto que todo aquel que aspire a contender a un cargo público necesita manejar finanzas propias e invertir en sí mismo y su propia candidatura.

Esto evitará en primer término que cuando llegue al cargo público se vuelva loco cuando vea dinero (está comprobado que “el que nunca ha tenido y llega a tener loco se quiere volver”) pero también evitará que vote siempre a favor o en contra cooptado por los intereses de quienes la o lo llevaron al cargo.

El político profesional invierte en sí mismo pero la mujer no puede quedarse atrás y menos cuando las reformas a la Ley la promueven para que ocupe cargos públicos. La “cuota de género” no sirve de nada si la mujer se confía en recibir dinero de otros y verse obligada a servir a esos personajes.

Por eso la mujer debe volverse independiente económicamente (incluso si no se dedica a la política) los tiempos han cambiado y también han cambiado las formas de convivir en sociedad. El rol del hombre ya no es el de obligatoriamente ser el proveedor de la familia e incluso vivimos tiempos donde muchas mujeres han decidido no formar una familia. Y precisamente por lo anterior, la mujer necesita mantenerse y sostenerse a sí misma. Puede empezar con un negocio propio o un buen manejo de sus finanzas (está comprobado que las mujeres gastamos más que los hombres y eso tiene que cambiar). Una mujer que trabaja, que ahorra, que invierte, está indiscutiblemente encaminada al éxito, a la independencia y a la libertad.

El llamado es a las mujeres que se quieran dedicar a la política y también a las que no. Para  que cambiemos nuestra forma de pensar, de actuar, de vivir. A que encontremos un trabajo que nos guste y si no, pues entonces renunciemos para seguir buscando o crear nuestra propia fuente de ingresos, no somos árboles ni plantas para tener que quedarnos forzosamente en un lugar.

Somos cambiantes y siempre en busca de algo mejor ya sea para nosotras o nuestros hijos y cuando seamos plenamente libres en lo económico entonces pueden decirnos “Feliz Día Internacional de la Mujer”.

Por: Maricela Gastelú.Captura de pantalla 2016-02-21 22.34.33

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