NNueva York, 11 Mar (Notimex).- Tras siete años y un costo de cuatro mil millones de dólares, la ciudad de Nueva York abrió este mes las puertas de Oculus, la cubierta para la estación de metro y de trenes suburbanos diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava.

El diseño, que de acuerdo con el propio Calatrava parece un ave que fue liberada por la mano de un niño, y que en cualquier caso evoca el esqueleto de un animal gigantesco, es la última adición a la llamada zona cero de Nueva York, donde ocurrieron los atentados de 2001.
Oculus constituye la parte externa de la estación del tren suburbano Path, que conecta a la ciudad de Nueva York con la zona suburbana del estado de Nueva Jersey, además de que ofrece conexiones con 11 líneas del metro adicionales.
La obra, que abrió sus puertas las semana pasada, apunta a convertirse en uno de los monumentos que con el tiempo serán icónicos de la ciudad, tanto como la estación Grand Central o el Museo Guggenheim.
Oculus se erige junto al monumento y el museo para las víctimas de los atentados de 2001, y a un costado del complejo de edificio del World Trade Center, que sustituyeron a los Torres Gemelas derribadas por los atentados.
Si desde fuera Oculus semeja el esqueleto de un ave desplegando las alas para alzar vuelo, desde adentro genera la impresión de ser una enorme ballena, a través de cuyas costillas se puede mirar el exterior, en específico, la torre del World Trade Center Uno.
Para llegar hasta el interior del Oculus se deben cruzar varios pasillos, pintados totalmente de blanco, lo mismo que el exterior y el interior del monumento, lo que ofrece una extraña sensación de serenidad pese a que aloja una estación de trenes, donde la prisa es la constante.
Asimismo, vista del vestíbulo interior, ubicado dos niveles por debajo del piso, se tiene la impresión de estar dentro de una catedral, por la altura de los techos, desde cuyos techos se filtra la luz y el paisaje.
Pese a su evidente majestuosidad, la construcción no estuvo exenta de controversias. Oculus estaba previsto para se construido en cinco años, con un costo de dos mil 200 millones de dólares.
Al final, la construcción del Oculus tomó dos años más de lo planeado, y costó casi dos mil millones de dólares adicionales. La estación atiende a 50 mil pasajeros a la semana, contando tan sólo a quienes se mueven desde y hacia Nueva Jersey.
El arquitecto español ha sido criticado además por sus negativas a ajustar sus diseños en favor de la practicidad en los casos en que afectan la visión estética de sus diseños.
Calatrava, sin embargo, ve las críticas como parte de su trabajo por embellecer las ciudades donde gana comisiones para construir.
En una entrevista con la sección de diseño de la revista Fast Company, Calatrava explicó: “tienes que sufrir. Existe tanta vulgaridad en la vida diaria, que cuando alguien tiene la pretensión de hacer algo extraordinario por la comunidad, entonces tienes que sufrir”.

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