Los aspirantes presidenciales del Partido Demócrata, Hillary Clinton y Bernie Sanders, se medirán este domingo en un nuevo debate, un día después de dividir votos en tres estados durante las primarias camino a la nominación para la Casa Blanca.

Clinton, de 68 años, llega al séptimo duelo verbal de los aspirantes demócratas, y el tercero a solas con Sanders, tras un abrumador triunfo en la primaria de Luisiana (sur) que amplió su ventaja en el crucial acumulación de delegados para lograr la nominación en la convención demócrata de julio.

Pero el senador de 74 años mantiene viva su campaña luego de ganar el sábado los caucus (asambleas electorales) demócratas de Kansas y Nebraska, en el centro del país.

Durante la jornada, los demócratas están llamados a votar en el caucus de Maine, mientras los republicanos harán lo propio en Puerto Rico.

Clinton y Sanders entrarán a escena en el Whiting Auditorium de Flint, en Michigan (norte), una escogencia nada casual tras el escándalo político desatado por la contaminación del agua potable de esta pequeña ciudad -ya expuesta a inequidades económicas y raciales- luego que las autoridades locales ignoraran, y luego ocultaran la situación.

Transmitido por la cadena CNN y CNN En Español, el debate empezará a las 20H00 locales (01H00 GMT del lunes).

Se espera que la propia ciudad de Flint sea parte de la discusión y una oportunidad de los aspirantes demócratas de restregar la grave crisis ambiental contra el Partido Republicano, al que pertenece el gobernador de Michigan, Rick Snyder.

En un discurso el sábado en la cercana Detroit, Clinton pareció dejar de lado su contienda interna con Sanders para asumir el papel de eventual candidata demócrata y heredera del gobierno de Barack Obama.

“No podemos permitir que tomen la Casa Blanca y mantengan (la mayoría) en el Congreso. Van a destrozar todo el progreso que hemos logrado con el presidente Obama”, dijo respecto a los republicanos.

“Si soy lo suficientemente afortunada de ser la nominada del partido y elegida presidente, voy a trabajar duro”, añadió.

Sanders revirtió los malos augurios iniciales y continúa sumando apoyos, alterando el arraigo de la exprimera dama en los jóvenes votantes demócratas, que ahora acuden en masa a los mitines y votan por el senador, atraídos por su “revolución política”.

Pero su campaña ha perdido fuerza luego de la abrumadora victoria de Clinton en el ‘supermartes, el 1 de marzo, cuando la exsecretaria de Estado ganó en siete de los 11 estados en liza y amplió una ventaja que luce cada día más inalcanzable.

Luego de sus victorias del sábado, el senador de Vermont no dio señales de abandonar la batalla y rápidamente intentó inyectar nueva energía a sus aspiraciones.

“Tenemos impulso, tenemos un camino hacia la victoria. Nuestra campaña apenas está comenzando”, escribió en un comunicado.

Republicanos divididos
La contienda demócrata contrasta con el bando republicano, inmerso en una crisis de identidad sin precedentes ante el ascenso del millonario Donald Trump.

El magnate inmobiliario de 69 años, que promete construir un muro entre México y Estados Unidos para frenar la inmigración clandestina, ganó las dos primarias más importantes del sábado por el número de delegados: Luisiana (sur) y Kentucky (sureste).

De su lado, Ted Cruz, el ultraconservador senador de Texas, se impuso en los caucus republicanos de Maine (noreste) y Kansas (centro), dando pasto a sus argumentos para posicionarse como el más claro rival de Trump.

La dirigencia republicana emprende una cruzada para frenar a Trump, temerosa que una candidatura del magnate le entregue las elecciones de noviembre en bandeja de plata a Clinton, o peor, sacuda para siempre los fundamentos del centenario partido de Abraham Lincoln.

Sin embargo, los votantes han ignorado el mensaje del establishment republicano: el millonario suma victorias en 12 de los 18 estados que ya realizaron elecciones internas.

El senador de origen cubano Marco Rubio, la apuesta más lógica para la dirigencia del partido, en cambio, solo cosechó una victoria.

En la mira están ahora las grandes batallas del 15 de marzo: cinco estados decisivos irán a las urnas, entre ellos el feudo de Rubio, Florida, bajo un esquema en el que el ganador se queda con todos los delegados y no de manera proporcional como en los otros estados.

Los estadounidenses votarán el 8 de noviembre por el sustituto de Barack Obama en la Casa Blanca.

Redacción  | AFP |

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