Este jueves la realidad nos alcanzó a todos los toluqueños, aquellos que nos sentíamos ajenos a la violencia de repente ya no lo éramos; el sentir fue, creo yo, generalizado. Una niña de apenas 13 años fue violada en su casa, en las inmediaciones de la colonia Hank González; buscó ayuda, no se la dieron.

Ser reportera me ha acercado al dolor de la gente y aun así, me sentía ajena. Pero ya no más, los que gozan con el sufrimiento ajeno ya se han robado nuestra tranquilidad, la habilidad de poder dormir sin revisar hasta tres veces las cerraduras y pedir que nada pase. Lo peor, las autoridades se han dedicado a reforzar el sentimiento.

Soy madre, y pensar que lo que le pasó a esa pequeña, cuya vida vida ha quedado marcada de manera brutal, me puede pasar a mí, a mi hermana, a mis amigas, a mis hijos… Me enferma.

La pequeña víctima, estaba sola en su casa cuando dos sujetos entraron a robar. Uno de ellos se percató de su presencia y decidió romper en mil pedazos su alma con cada golpe que le propinó para rematarla abusando sexualmente de ella.

Ya no hay escrúpulos. Hace unas semanas el director de Seguridad Pública y Vial, Javier Torres, al ser cuestionado sobre la inseguridad que los vecinos denunciaban en la zona donde sucedió tan perverso episodio, respondió que tenían los registros diarios, que ya tenían estrategias de seguridad diseñadas y pidió, con cinismo, que el “miedo no se convierta en nuestro Señor”.

Hoy, el miedo es el pan de cada día. No hay una sola colonia en la que nos podamos sentir tranquilos, no hay un solo policía en el que podamos confiar. El sistema no le funciona al ciudadano de a pie. Estamos viviendo una época de gobiernos incompetentes.

En una semana, cuatro personas fueron asesinadas en la colonia Las Américas, un hombre fue secuestrado por un comando sin que nadie le pudiera ayudar, una niña fue violada y obtuvo una respuesta nula de los servicios de emergencia, decenas fueron asaltadas.

¿En qué momento nos acostumbramos a la violencia? ¿Cuándo permitimos que nuestras autoridades nos dieran la espalda cuando les pedimos que hagan el trabajo por el cual se les paga? ¿De qué sirve un Grupo Especializado para la Atención de Víctimas de Violencia Familiar y de Género en una ciudad en la que todos los días una mujer es ultrajada, y los niños son golpeados y sufren abusos de todo tipo? ¿Hasta cuándo los vamos a dejar?

Si tienes las respuestas, por favor, compártelas.

xime

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