Columbia, Carolina del Sur— Jeb Bush, quien intentó seguir el ejemplo de su padre y su hermano llegando a la Casa Blanca, anoche abandonó su campaña por la Presidencia tras registrar resultados decepcionantes en las primarias de Carolina del Sur.

“Me siento orgulloso de la campaña que ganamos por unificar a nuestro país, y por abogar por soluciones conservadoras”, dijo Bush. “… Pero el pueblo de Iowa, New Hampshire y Carolina del Sur se ha expresado”.

La decisión de Bush se dio tras sufrir una derrota devastadora en Carolina del Sur, entidad que brindó victorias cruciales tanto a su padre como a su hermano pero que en años recientes ha adoptado un estilo mucho más estridente de republicanismo. Además Bush se hallaba bajo la creciente presión de los líderes partidistas que deseaban su retirada a fin de poder unirse en torno a un retador de Donald Trump.

La decisión del exgobernador de Florida podría dejar libres decenas de millones de dólares en respaldo financiero para otros precandidatos presidenciales republicanos. Se espera que el primero en beneficiarse sea el senador por Florida Marco Rubio, quien tiene vínculos con varios de los principales donadores de Bush, muchos de los cuales han señalado al senador como su segunda opción.

La salida de Bush elimina asimismo al contendiente del ala del “institucionalismo” republicano de mayor perfil. Si bien Bush no ha radicado o trabajado en Washington ni ocupado ningún puesto federal de elección pública, era considerado el favorito de la élite de su partido debido al linaje de su familia y a sus estrechos vínculos con muchos de los líderes de mayor nivel y respaldadores generosos del partido.

La decisión de Bush pone fin a una campaña iniciada con grandes dosis tanto de confianza como de expectación. Tras casi un año de deliberar en privado con colaboradores cercanos, dio los primeros indicios de una campaña presidencial poco después de Acción de Gracias del 2014 y pronto armó un equipo en el cual se incluían varios colaboradores de sus dos primeros mandatos como gobernador de Florida y otros asesores con experiencia.

El nuevo equipo de Bush anunció una estrategia de “shock y sorpresa” que amasó metódicamente sumas sin precedentes de dinero para la campaña y un supercomité de acción política aliado. El supercomité de Bush, Derecho al Ascenso USA, en el 2015 recaudó 18 millones de dólares destinados básicamente a publicidad en la que atacaba a otros candidatos republicanos.

La estrategia obligó al exprecandidato Mitt Romney a decidir pronto si volvía a lanzarse para el 2016. Pero no desalentó a rivales potenciales —sobre todo a Rubio, el alguna vez protegido de Bush que probó ser mejor que éste para hacer campaña.

A pesar de su impresionante ventaja financiera y liderar al principio en las encuestas, Bush era un tecnócrata en un mundo de ruido. Se obsesionaba con los pormenores de sus exhaustivos planes sobre políticas, pero aborrecía la destreza política. Disfrutaba contestando por minutos preguntas sencillas durante sesiones públicas con los electores, pero batallaba para dar respuestas breves en los debates televisados con millones de espectadores.

Bush empezó a caer en los sondeos de opinión pública a finales de la primavera. Siguió descendiendo tras cuatro días de mayo en los cuales tuvo dificultades para contestar preguntas sobre la decisión de George W. Bush de comenzar la guerra de Irak, suplicio que lo hizo quedar como incapaz y poco dispuesto a responder la pregunta más amplia que muchos electores tenían en mente: ¿por qué deben los estadounidenses elegir otro presidente de apellido Bush?

Durante entrevista del 11 de mayo del 2015 en Fox News Channel, Jeb Bush dijo que, lo mismo que su hermano, él hubiera autorizado acciones milites contra el dictador iraquí Saddam Hussein aunque después se determinó que la inteligencia gubernamental empleada en ese entonces tenía profundas fallas. Pronto arremetieron opositores de ambos partidos, diciendo que ellos no hubieran autorizado la guerra. Algunos sugirieron asimismo que Jeb Bush no valoraba en su totalidad la prolongada y generalizada oposición a la guerra.

La entrevisto instó a los electores a presionar a Bush para que explicara su respuesta. Primero, dijo no haberla entendido bien. Después denunció el hecho de que el público se concentrara en preguntas hipotéticas. Durante una conversación especialmente hostil filmada al término de un mítin en Reno, Nevada, Bush discutió con un estudiante universitario respecto a si Geroge W. Bush o el presidente Obama eran responsables por el ascenso del grupo terrorista Estado Islámico. Al día siguiente, ante escrutinio cada vez más intenso, Bush admitió que no debió haber autorizado la guerra en Irak “sabiendo lo que sabemos ahora”.

Las preguntas en torno a su familia perduraron a lo largo de su campaña, pero en varias ocasiones él insistió en que en una campaña presidencial “lo importante no puede ser el pasado; no puede ser mi mamá y mi papá, ni mi hermano, a quienes amo. Lo importante tienen que ser las ideas acerca de lo que yo creo para llevar hacia delante a nuestro país”.

El verano pasado Al Cárdenas, amigo de Bush desde hace largo tiempo, dijo que la ventaja de Bush ha bajado a raíz de que la atención mediática estaba demasiado puesta en la historia de la familia de Bush y no en el currículum de éste como gobernador de Florida. “Se fijan en lo Bush, no en Jeb”, opinó.

En cuanto la gente conociera más sobre su gubernatura, pronosticó Cárdenas, “entonces se daría más importancia a Jeb, no a Bush”.

Sin embargo, al final Bush tuvo a su familia acompañándolo. La semana pasada el expresidente George W. Bush se sumó a su hermano menor durante un mítin que le hicieron a las afueras de Charleston y su madre estuvo con él para una visita final a Carolina del Sur.

Además Bush tuvo problemas para tratar con Trump, quien recurrió a entrevistas televisivas, Twitter y mítines de campaña a fin de burlarse de Bush en forma muy personal. En una crítica particularmente lacerante, Trump acusó a Bush —quien bajó 40 libras antes de lanzarse y mantuvo un enérgico calendario de campaña— de ser un candidato de “poca energía” carente del vigor y la actitud necesarias a efecto de derrotar a la puntera demócrata Hillary Clinton.

Al principio Bush ignoró los ataques de Trump, lo cual hizo que pareciera no darse cuenta de la velocidad con la cual estaba cambiando la dinámica del Partido Republicano. Su silenciosa respuesta a Trump despertó dudas sobre si un candidato que desde el 2002 no había contendido por algún cargo público era capaz de trabajar en el moderno ambiente político.

Las mofas y la naturaleza personal de las agresiones tenían raíces en la relación a menudo tensa entre Trump y los Bush que data de finales de los 80, cuando George W. Bush consideró brevemente elegir al empresario como su compañero de fórmula para 1988.

En varias ocasiones, Jeb Bush se quejó acerca de la naturaleza mediática y de ritmo veloz de la política estadounidense. Después de batallar en el transcurso de los primeros debates transmitidos por televisión, admitió necesitar adoptar una estrategia nueva que contradecía su crianza privilegiada.

“Por 62 años de mi vida en mi ADN ha estado escrito que cuando alguien le hace una pregunta se supone que uno la conteste”, dijo en noviembre a los reporteros tras una escala de campaña en Atlantic, Iowa. Añadió, “estoy aprendiendo el nuevo arte de reconocer la pregunta, mostrarme respetuoso con quien la hace, desde luego, y luego contestar lo que yo esté pensando”.

Cuando se le preguntó si lo anterior representaba un cambio respecto a sus campaña de 1998 y el 2002 para gobernador de Florida, Bush dijo: “es un cambio a comparación de 1953, cuando yo era bebé”.

A lo largo de su campaña, Bush rechazó las tácticas de legisladores apoyados por el movimiento de las fiestas del té que habían respaldado el paro de actividades gubernamentales federales y se opusieron al entonces vocero congresista, el republicano por Ohio John Boehner, y otros líderes. Había apoyado firmemente las reformas educativas adoptadas a nivel nacional y escribió un libro de 300 páginas sobre sus puntos de vista acerca de una reforma inmigratoria integral —posturas que lo alejaron de muchos republicanos.

Antes de iniciar la fase exploratoria de su campaña, en diciembre del 2014 Bush dijo que los precandidatos del partido debían estar dispuestos a “perder las primarias con el fin de ganar las generales sin violar sus principios”.

Prometió hacer campaña “jovialmente”, diciendo que los republicanos sólo podrían retomar la Casa Blanca si llegaban a los electores que no son los típicos seguidores de los conservadores. Durante las últimas semanas de su campaña, se describió como “una mano firme” lista para ser comandante en jefe.

“Si quieren ustedes un político que nada más suba y baje la cabeza, entonces yo no soy ése”, dijo el viernes a seguidores en Central, Carolina del Sur.

“No se pude insultar cuando uno contiende por la Presidencia. No se puede concentrarse en cosas de grupos. No se puede ser un político motivado por las encuestas que salga corriendo cuando las cosas se ponen difíciles”, agregó el viernes en Spartanburg, Carolina del Sur.

Bush lo sabía, dijo, porque “he estado viendo desde primera fila la historia” hecha por su padre, Geroge H.W. Bush, y su hermano, George W. Bush.

En última instancia, fracasó el intento de Jeb Bush de hacer historia presidencial.

Ed O’Keefe/ The Washington Post

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