Durante la visita del Papa Francisco a nuestro país, es necesario resaltar cómo en cada evento que participó y cada discurso había  un motivo, destacándose como un portavoz de la justicia y la paz. Para poder comprobarlo es necesario realizar un análisis de la línea de comunicación que utilizó en todo momento y que dividiré en tres instantes, donde el primero de ellos fue a quién iba dirigido el mensaje, a los políticos, a los jóvenes, a los indígenas, a los presos; mientras que en el segundo  podemos encontrar la problemática que este sector de la población atraviesa, ahí es cuando se habló de narcotráfico, exclusión, discriminación, violencia, trata de personas, etc.; y el último, es dirigido a la forma idónea de actuar desde lo individual hasta lo colectivo para que la problemática referida pueda terminar y así mejorar las condiciones de vida.

Por ejemplo, en Ciudad Juárez, manifestó a los reclusos que la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse a una vida mejor, genera casos de situaciones de pobreza y de marginación, y ello es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia.

Insistió que no se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México, que todos debemos de participar para generar las condiciones necesarias, pues el trabajo en equipo es una instancia de humanización y un espacio para construir sociedad.

Mientras tanto, en el encuentro con jóvenes en Michoacán les dijo que no se dejen excluir y desvalorizar, que es mentira que como única forma de vivir es el narcotráfico, pues los dedicados a ello solo siembran destrucción y muerte.

En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a los indígenas les pidió perdón y les dijo que el mundo de hoy está despojado por la cultura del descarte y la exclusión, debido a ello algunos han considerado suprimir la riqueza y la diversidad cultural por lo que se requiere un mundo mucho más homogéneo.

Mientras que en Palacio Nacional, destacó que la experiencia demuestra que cada vez que se busca el camino del privilegio y del beneficio de pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de culturas diferentes, la violencia, el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.

Y le pide a los dirigentes de la vida social, cultural y política, que les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, pensando en hacer una realidad un acceso efectivo a los bienes, como vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, ambiente sano y de paz.

De todo ello podemos decir que la línea discursiva del Papa nos habla a la conciencia y como personas a realizar una profunda reflexión, pues a pesar de que todos conocemos la problemática que enfrentamos como país, todos somos necesarios en la solución; por ello es el momento ideal para pasar de la queja a la acción, a la voluntad de cambiar las cosas, y sobre todo de pensar más en colectivo que en forma individual, pues al fin y al cabo todos necesitamos un lugar mejor para vivir.

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