Este 14 de febrero nos pueden faltar los corazones, los cupiditos y, desde luego, estas cursis canciones de amor …

No es que sea yo un amargado —o bueno, pues, corrijo: no es que sea yo TAN amargado—, pero cada año le encuentro menos sentido a esa fiesta que es el Día del Amor de la Amistad, como ramplonamente se le conocía en mis tiempos, o de San Valentín, como se le sigue llamando a pesar de que dicho santo ya no figura en el Calendario General Romano y, por lo tanto, ya fue bajado de muchos altares del mundo.

Y también porque es pretexto para que, otra vez, la gente dilapide de manera por demás inútil sus quincenas duramente ganadas en regalos almibarados, atestados restaurantes, flores malditamente caras o malolientes moteles y hoteles de paso —cada quien a la medida de su gusto y su bolsillo—;

¿Y por qué arremeto contra esta tierna fecha? Por muchas razones, siendo la principal el que ésta, su fiesta y toda la parafernalia que la rodea, conforman una de las muchas caras que tiene esta visión posmoderna de “El Amor”, no como un sentimiento que crece y se construye orgánicamente entre dos personas que comparten afinidades en varios niveles, sino como una emoción exaltada, inexplicable, desenfrenada a veces, irracional siempre, neurótica, de grandes altibajos en los que se sufre en la medida que se goza y que, cuando es verdadero —y no pura pasión carnal—, se tiñe del color rosa de la pureza y la inocencia. O algo así. Y también porque es pretexto para que, otra vez, la gente dilapide de manera por demás inútil sus quincenas duramente ganadas en regalos almibarados, atestados restaurantes, flores malditamente caras o malolientes moteles y hoteles de paso —cada quien a la medida de su gusto y su bolsillo—; y todo, para que uno termine peleado porque no se cumplieron las expectativas que se tenían sobre la valía del amor profesado.

No obstante el desolador panorama anterior, hay algo que me perturba aún más, y creo que no soy el único que alberga ese sentimiento. Me refiero a las canciones de amor que, año tras año, como si fuera una puntual rutina de lavado de cerebro, los restaurantes, cafés, centros comerciales y estaciones de radio tienen a bien programar para deleite de los tórtolos de todas las edades, y para desgracia de los amargados como el que estas líneas escribe y otros tantos más que ahí andan, a la vera del camino.

Entre los boleros de Manzanero destrozados por Luis Miguel y los boleros que hacen arder los pechos… de la generación de mis padres; los cantantes con actitud de galán como Barry Manilow, Neil Diamond, Michael Bolton, Julio Iglesias o Víctor Yturbe “el Pirulí”, o de divas hipersensibles como Whitney Houston, Barbra Streisand, Celine Dion, Rocío Dúrcal o Laura Pausini —bueno: no, ésa no—; los clásicos soundtracks y scores de la cinematografía romántica de los años 50 a los 70 —ya sabe: Francis Lai, Love Story y todo lo demás—, y aberraciones como las estudiantinas o los niños que le cantan al amor al día siguiente que sueltan el biberón, hay canciones clásicas que, a pesar del imperceptible pero eficaz paso del tiempo, siguen manteniéndose como las reinas indiscutibles de la cursilería.

¿Y qué es lo cursi? Lo sublime fallido, dicen por ahí.

Lo que trata de elevarse a grandes alturas estéticas y líricas, y se queda a medio camino, a veces haciendo el ridículo. En esa lista —que se construyó a partir de una encuesta realizada en la página de #CulturaPop— figuran leyendas de la música, one-hit wonders, temas de taquillerísimas películas de amor y uno que otro baladista de hace ya varias décadas.

  1.  “I Will Always Love You”, Whitney Houston.
    
  2.   “Lovin’ You”, Minnie Ripperton.
    
  3.  “My Heart Will Go On”, Celine Dion
    
  4.  “Puppy Love”, Donny Osmond.
    
  5.   “Tu cabeza en mi hombro”, Enrique Guzmán.
    
  6.  “Close to You”, The Carpenters.
    
  7.   “Do You Love Me?”, Sharif Dean.
    
  8.  “La vie en rose”, Edith Piaf.
    
  9.  “How Deep is Your Love”, The Bee-Gees.
    
  10. “Amorcito corazón”, Pedro Infante.

Pero como la música se disfruta —o se sufre— con los oídos y no leyendo, le dejo el link del programa de #CulturaPop RADIO “Top 10: las canciones de amor más cursis”:
A ver si coincide conmigo. Y si no, pues, como siempre digo, eso ya es otro cantar.