Roma.- Un sacerdote argentino fue arrestado hoy en la norteña ciudad italiana de Bolzano, acusado de haber defraudado a más de 300 personas, en su mayoría ancianos, por un monto superior a los 30 millones de euros, informó la guardia de finanzas.

En un comunicado indicó que el prelado, identificado como Patricio Benvenuti, fue detenido cuando estaba por subir a un avión que lo debía trasladar a la isla Canarias, donde reside.

La policía militar italiana confirmó que el cura, de 64 años de edad, defraudó a más de 300 ancianos, en su mayor parte residentes fuera de Italia, a los que pidió invertir su dinero en la fundación humanitaria Kepha.

Esos recursos no iban a obras de promoción social y caridad, como Benvenuti prometía, sino que terminaban devorados por un complicado mecanismo de reciclaje a través de sociedades con sede en Francia, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Estados Unidos e Italia.

Asimismo, la guardia de finanzas confiscó una lujosa residencia, por valor de ocho millones de euros, en la central localidad de Piombino y que funcionaba como sede de Kepha, además de que intervino un sitio arqueológico en Trisicina di Selinunte, Sicilia, propiedad de una sociedad a nombre de un cómplice del prelado.

También fueron confiscados otros terrenos e inmuebles en varios sitios de Italia y en la isla francesa de Córcega y fue emitida una orden de arresto internacional contra el ciudadano francés Christian Ventisette, estrecho colaborador del sacerdote.

Según la policía militar italiana, Benvenuti prestó sus sevicios en el Tribunal Eclesiásico del Vaticano y fue capellán militar en la Escuela de Telecomunicaciones de las Fuerzas Armadas en Chiavari (norte).

Confirmó que otras nueve personas son indagadas porque aparentemente colaboraban con las actividades ilícitas del prelado, que presumía de sus altos contactos en la Santa Sede para ganarse la confianza de los ancianos que le entregaban sus ahorros.

Las investigaciones iniciaron tras una denuncia presentada por una religiosa, ex colaboradora del sacerdote, que recibía en su domicilio documentación financiera referida a un fondo y a una sociedad de capitales, denominados “Opus”, que mostraba movimientos por cientos de miles de euros.

La religiosa confirmó a los investigadores que cuando trabajaba con el prelado en Roma firmó algunos contratos por los que se convirtió en representante legal de Opus en su sede de Alto Adige (norte) y de esa manera quedó involucrada, sin su conocimiento, en las operaciones fraudulentas.

El Economista