Por Mónica Fragoso

El Fiscal del Estado de Veracruz aseguró en días pasados que fue una “estrategia” sostener que el narcotraficante José Márquez Balderas, jefe de plaza de los Zetas en el Estado, había sido ejecutado en el mes de agosto del 2015, en una balacera ocurrida en un bar de Orizaba.

El supuesto deceso se anunció de forma oficial en un comunicado emitido por la propia Procuraduría, Luis Ángel Bravo, titular de la Fiscalía General del Estado, indicó que en los reportes preliminares de una balacera ocurrida en un bar se manejó el nombre de Marqués Balderas como una de las víctimas, por lo que la dependencia informó de su presunta muerte; aun a pesar de que cuando los familiares se presentaron para el reconocer y solicitar la devolución del cadáver, se percataron que en realidad éste correspondía el nombre de Felipe Santana Hernández, alias “el felino”, y no al supuesto líder de los Zetas. El Procurador terminó excusándose diciendo que si se hubiera confirmado la muerte de esta persona todos los procesos penales que enfrentaba este sujeto se hubieran sobreseído y por ende las 6 órdenes de aprensión que enfrenta no se hubieran cumplimentado.

La denominada “estrategia” del Gobierno de Veracruz carece no solo de veracidad, sino que abona aún más al clima de impunidad y corrupción que enfrenta el Estado y su Gobernador, así como en el resto del país a la falta de credibilidad de las Instituciones, sobre todo en materia de justicia, las cuales deben cuidar más la forma. La Comunicación Social de una Institución Pública debe ser clara y veraz, y la única estrategia que debe realizar un Fiscal es en torno a cómo mejorar las técnicas de investigación de los delitos, mejorar las carpetas de investigación, optimizar la justicia alternativa a cargo de los ministerios públicos, la pronta detención de los probables responsables, etc.; pues lo que en esta ocasión hizo el Procurador en otros países se sancionaría no solo con la inhabilitación del cargo, sino con la puesta a disposición de forma inmediata ante el Poder Judicial, pues la pésima estrategia es considerada más allá de una simple negligencia, es decir, un delito, por ello en esta ocasión podemos afirmar que, en la estrategia la forma es fondo.

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