Las mujeres indígenas jóvenes presentan mayor riesgo de abortar durante sus primeras gestas y este comportamiento se aprecia entre las mujeres mexicanas en general, pues a menor edad mayor es la probabilidad de riesgo de muerte materna.

 

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica, entre 2004 y 2008, 10 por ciento de las mujeres indígenas veracruzanas presentó entre una y dos pérdidas de embarazos, 56.4 por ciento de ellas tenían entre 15 y 19 años de edad justo cuando tuvieron su primer embarazo derivado de su primera relación sexual, puntualizó en la Universidad Autónoma del Estado de México, la especialista Alma Osiris Degante Sánchez.

En la Máxima Casa de Estudios mexiquense, la estudiante de posgrado de la Universidad Autónoma Metropolitana afirmó que en México el aborto sigue siendo un problema de salud pública y de justicia social difícil de cuantificar; más aún, dijo, es mínima la información estadística que aborda específicamente el comportamiento reproductivo de la población indígena.

La universitaria expuso que las mujeres indígenas jóvenes presentan mayor riesgo de abortar durante sus primeras gestas y este comportamiento se aprecia entre las mujeres mexicanas en general, pues a menor edad mayor es la probabilidad de riesgo de muerte materna, la morbilidad durante el embarazo, que puede concluir en abortos y complicaciones en el parto.

Sostuvo que en el proceso reproductivo intervienen diferentes escalas globales, nacionales y locales, que regulan la reproducción a partir de discursos y prácticas de intervención sujetas a una gran variedad de intereses políticos, económicos y religiosos, entre otros, que inciden sobre los cuerpos de las mujeres.

Alma Osiris Degante Sánchez citó el caso de las mujeres rurales e indígenas, quienes se encuentran con menor acceso a los recursos públicos para atender su salud reproductiva e incluso, sobre ellas recae el peso de la ley, así como el rechazo de la comunidad cuando no cumplen con la norma de ser madres.

De ahí la pertinencia, consideró, de su trabajo de investigación, que parte de un enfoque teórico metodológico de curso de vida que permite conocer el conjunto de trayectorias que el individuo sigue a lo largo de su vida y en diferentes ámbitos o escenarios sociales, principalmente el de las mujeres que han pasado por un aborto.