México es el país más corrupto de los 34 miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (O.C.D.E.) y además ocupa el lugar 95 de 168 países de acuerdo con el Índice de Percepciones sobre Corrupción 2015, presentado por Transparencia Internacional (T.I.).

Nuestro país subió ocho lugares, del puesto 103 al 95, de los 168 países evaluados, con una calificación de 35 en una escala de 100, donde 0 significa “altamente corrupto” y 100 “muy limpio”. La puntuación se obtiene por una combinación de encuestas y evaluaciones efectuadas por diversas instituciones de gran prestigio.

Aunque ningún país tiene una puntuación perfecta, Dinamarca repite por segundo año consecutivo como el país con menor grado de corrupción con una nota en 91, seguido por Finlandia y Suecia, mientras que Corea del Norte y Somalia muéstran 8 puntos cada uno.

Durante la presentación del estudio por parte de Transparencia Internacional, el representante de la Organización Internacional Human Rights Watch, criticó el poco esfuerzo para procesar criminalmente a los responsables de las violaciones de derechos humanos, siendo la forma de corrupción más común, es decir, la emanada del sistema público.

Algunos hallazgos del estudio establecen que falta mucho por hacer en el sistema de justicia, pues hay mucha vulnerabilidad en la policía, Procuraduría y el Poder Judicial que genera un abuso de poder en las altas esferas que beneficia a unos pocos, a costa de muchos y provoca perjuicios graves y generalizados en las personas y en la sociedad; de igual forma existe impunidad, y pese a que en el año 2015 el Congreso de la Unión aprobó reformas constitucionales para crear el Sistema Nacional de Transparencia y Anticorrupción, no hay grandes avances.

De todo ello, es importante destacar que faltan también por aprobarse todas aquellas leyes secundarias que deberán emanar del Sistema Nacional Anticorrupción, además se deben agregar indicadores claros de medición y evaluación del mismo; falta que nos interesemos más en dar seguimiento en la forma cómo se distribuyen los recursos públicos y cómo se otorgan las obras públicas, pues es en estos rubros donde falta más vigilancia por parte de los ciudadanos y de las organizaciones de la sociedad civil, comenzar a detener la corrupción no solo mejorara nuestra calificación internacional, sino que asegurará un mejor futuro para todos.

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