Por José Carlos Neira

El poco tiempo que lleva este 2016 ha sido plagado por sucesos tan inesperados que parece como si George R. R. Martin hubiese escrito el guión del mes de enero, un sin número de muertes de personas famosas, los efectos del cambio climático, la evidente crisis económica, pero lo que más ha llamado la atención en los medios mexicanos y que ha llenado las redes sociales con videos, memes y teorías de conspiración ha sido la recaptura de Joaquín Guzmán Loera.

El viernes 8 de enero de 2016 despertamos con la noticia de que reaprehendían al “Chapo” por tercera vez, esperemos que como bien dicen “la tercera sea la vencida”, la captura ha traído consigo un escándalo por el trabajo periodístico realizado por Sean Penn, su relación con la actriz Kate del Castillo y su regreso al penal del Altiplano; este último hecho ha causado una ola de críticas ¿Y como culparlos?, el Chapo ha puesto en los reflectores del mundo a un defectuoso sistema penitenciario mexicano desde hace varios sexenios.

Se habla mucho de una extradición hacia los Estados Unidos por todos los delitos que ha cometido en dicho país, ¿Pero realmente es una óptima solución?, desde su segunda detención los abogados de Guzmán Loera, lanzaron como balas perdidas un amparo tras otro contra una posible extradición, derivado de que difícilmente se puede saber si han iniciado o no el procedimiento pertinente para ello y en su “negocio” no es bueno correr riesgos.

En el contexto globalizado actual es indispensable una participación activa de cooperación con las demás naciones, sobre todo si ya se ha firmado un tratado o acuerdo internacional, ¿Cómo olvidar el caso Florence Cassez?, caso tan controversial considerado por algunos constitucionalistas como un parte aguas en lo que a Derechos Humanos concierne; en un caso más reciente ¿Podemos considerar la liberación de Moreira como un pacto entre dos gobiernos? o ¿Realmente  se respeto la presunción de inocencia?.

No es distinto el caso Guzmán Loera, a excepción de que se sabe cabalmente su culpabilidad, su extradición no sólo dependerá de los recursos dilatorios que legalmente pueda interponer, sino también de los pactos políticos que se hagan; cabe la pena recordar que la relación bilateral entre Estados Unidos y México es desigual, “nos mandan menos de lo que nosotros enviamos”. No creo oportuno que el Gobierno Federal considere el uso de esta figura ya que mostraría “debilidad” ante la opinión pública, nuestras autoridades ahora más que nunca deben exhibir la capacidad de poder retener en prisión a sujetos de este calibre para poder recuperar la confianza de la sociedad en general.