Hace pocos días, el sitio europapress.es publicó un “mapa de la ignorancia” donde México se encuentra en el nada honroso Primer Lugar seguido de India, Brasil y Perú.

Las dudas sobre cuáles eran los parámetros que habían seguido los encuestadores y más interesante aún ¿Cómo habían podido extraer un resultado tan conciso en tan poco tiempo? invadieron mi mente. Pero más allá de que me sintiera indignada como mexicana, tuve que reconocer muy a mi pesar que así nos perciben los países vecinos y los más lejanos también.

Es cierto que en México se lee poco, se pasan horas enteras frente a la televisión y el mexicano promedio (según asociaciones enfocadas en analizar y medir el consumo de internet en México) pasa un total de 9 horas al día en internet, y obvio no está estudiando una carrera en línea sino perdiendo tiempo en redes sociales.

Lo anterior, aunado a un precario sistema educativo y la corrupción que ha llegado a absolutamente todos los niveles de Gobierno nos hace reflexionar seriamente sobre el punto en el que nos encontramos como nación.

Al mexicano le gusta el sospechosismo, le gusta creer que todo son cortinas de humo, pero hasta ahí llega, no investiga más, da por ciertas notas del deforma y otros medios de desinformación.

Al mexicano no le gusta estudiar, ¿para qué? Si los dos oficios más socorridos en México, narcotraficante y político, no necesitan grandes estudios universitarios.

Lo anterior no quiere decir que en México no haya talento, ¡claro que hay! el problema es que todos los chicos prodigio se dividen en dos grandes grupos: los que no tienen dinero para seguir estudiando y se ven obligados a trabajar y los que buscan la primera oportunidad para salir del país y no regresar jamás.

El Gobierno argumenta que estamos rodeados de “ninis” jóvenes que ni estudian ni trabajan y hasta cierto punto tienen razón, pero ese fenómeno se debe a que durante décadas no se han generado políticas públicas que resuelvan el problema de raíz y no sólo con becas académicas.

Muchos jóvenes no quieren estudiar, prefieren tener un trabajo que les dé la oportunidad de pagarse un teléfono “inteligente” que a la larga lo será más que ellos. Los adultos ya no encuentran oportunidades laborales y aquellos que las tienen no aspiran a mejores empleos y ni qué decir de continuar con sus estudios porque “ya estamos viejos para eso”.

México tiene como vecino y principal socio comercial a los Estados Unidos lo que en la utopía nos haría pensar que la mayoría de sus habitantes son bilingües, pero no. Se estima que sólo el 5% de la población en México habla inglés.

Por eso nos gusta quejarnos de todo, porque es más fácil. Porque nadie quiere quitarle horas al sueño o a Facebook para estudiar otra carrera, para terminar la que dejó inconclusa, para aprender idiomas, para leer Historia, para terminar la prepa.

La falta de cultura nos hace depender directamente de los empleos generados por el gobierno creando una banca inmensa (más mensa que in) de burócratas que más allá de dar servicios al contribuyente sirven para generar “horas nalga” (no me reclame a mí, así se le dice).

El mexicano le tiene miedo a las ciencias exactas, le tiene pavor a renunciar a un salario pequeño pero seguro para iniciar su propio negocio. El mexicano le tiene miedo a ser ignorante pero no hace nada por detener ese círculo vicioso de escribir horrible y pensar sólo cuando es estrictamente necesario.

Por lo anterior, hago votos para que hagamos más eficiente nuestro paso por internet todos los días, que encontremos la forma de seguir instruyéndonos, de exigirnos ser mejores ciudadanos antes de pedir mejores gobernantes, porque los que tenemos por ahora, son los que lamentablemente nos merecemos.

Maricela Gastelú.Maricela Gastelú

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