Al menos 26 personas murieron en el ataque cometido por yihadistas en un hotel y un restaurante frecuentados por extranjeros en la capital de Burkina Faso, según un balance oficial aún provisional anunciado este sábado por la tarde por el ministro de Comunicación burkinés, Rémi Dandjinou.

Según una fuente de seguridad burkinesa entre las víctimas habría personas de al menos 18 nacionalidades, entre ellas, al menos dos franceses, según confirmó el ministerio de Asuntos Exteriores galo.

Francia, cuyas fuerzas especiales participaron en la operación de doce horas contra los yihadistas, elevó el balance a “27 muertos y en torno a 150 heridos” en un comunicado el sábado.

El presidente Roch Marc Christian Kaboré llamó al pueblo de Burkina a tener “valor” y mantenerse “vigilante”, y decretó un duelo nacional de 72 horas a partir del domingo.

En total 126 personas fueron liberadas durante la operación contra los yihadistas, anunció a la AFP el ministro de Interior Simon Compaoré. Entre los supervivientes se encontraría, ileso, el ministro de Trabajo, Clement Sawadogo.

Desde el mediodía, las fuerzas burkinesas proseguían el rastreo en las inmediaciones del hotel Splendid y del restaurante Cappuccino, según una fuente de seguridad.

Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) reivindicó el ataque, explicando que se trataba de una “venganza contra Francia y los infieles occidentales”, según un comunicado detectado por el observatorio estadounidense SITE.

Los atacantes eran miembros del grupo Al Murabitun, basado en Malí y dirigido por Mojtar Belmojtar, dijo SITE.

Además de los cuatro atacantes muertos, un quinto habría podido refugiarse en un bar cercano, dijeron testigos que lograron escapar.

Entre los yihadistas abatidos había “un árabe y dos africanos negros”, según Compaoré.

“Había sangre por todas partes”

El sábado por la mañana, la entrada principal del hotel estaba en llamas y podían oírse gritos en el interior.

“Fue horrible, la gente estaba acostada y había sangre por todas partes. Disparaban a la gente a quemarropa”, contó a la AFP Yannick Sawadogo, uno de los rehenes que consiguieron escapar.

“Les oímos hablando e iban caminando entre la gente y disparando a quienes no estaban muertos. Y cuando salieron, provocaron un incendio”, añadió.

El ataque se produjo dos meses después de otro atentado yihadista en el lujoso hotel Radisson Blu de la capital de Malí, Bamako, en el que murieron 20 personas -entre ellas, 14 extranjeros-, reivindicado por el mismo grupo autor de este último ataque en Uagadugú.

El sábado SITE difundió una conversación telefónica de uno de los asaltantes en la que afirmaba: “He contado 18 (cuerpos), pero hay al menos 30 muertos”.

París y Washington, aliados clave de Burkina Faso, condenaron el atentado, al igual que la Unión Europea y Reino Unido.

Ataque contra un símbolo democrático

La Comisión de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao), reafirmó su “determinación para luchar sin descanso contra toda forma de terrorismo en la región”, según un comunicado.

“Consideramos (el ataque) dirigido contra cada uno de nuestros países y contra el conjunto de nuestra comunidad”, declaró el presidente en ejercicio de la organización regional, el jefe de Estado senegalés Macky Sall, diciéndose dispuesto a tomar “todas las medidas que requiera la situación”.

Este ataque inédito en la capital de Burkina supone un desafío al poder del presidente Kaboré, recientemente elegido tras una transición caótica al frente de este país de mayoría musulmana.

Para Cynthia Ohayon, experta del International Crisis Group (ICG), supone un atentado contra el símbolo democrático que encarna Burkina Faso.

Burkina Faso forma parte del G5 Sahel, grupo de cinco países de la región que se coordinan y cooperan en materia de desarrollo, seguridad y lucha contra el terrorismo.

También apoya a la misión antiterrorista francesa Barkhane, que abarca cinco países de la región del Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Chad y Burkina Faso) ; las fuerzas especiales francesas se encuentran apostadas en las afueras de Uagadugú.

eleconomista.com.mx

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