El cine es muy importante para mí, no solo porque voy con mis personas favoritas, sino porque es un medio de cultura mucho más rápido y entretenido que otros, habla de realidades y de actualidad, pero también cuenta historias, recrea momentos, hace alusiones, alegóricas o apológicas, es un arte aséptico, cuidado, es un negocio multimillonario, es un medio de entretenimiento y recientemente un referente de orgullo nacional.

Alejandro González Iñarritu siempre me ha caído bien, desde que era locutor de radio; Gael García Bernal me resulta antipático y por decir lo menos, poco informado y de criterio simple. Ambos, recientemente ganadores de sendos Globos de Oro,  junto con muchos otros profesionales o amantes del cine, nacieron, nacimos, en una época de México en la que no había producción nacional, pasamos de la época de oro, al cine de luchadores, al rosa, al  fusil, al tristemente célebre de ficheras y luego a la nada. Entre esos kilómetros de película había grietas valiosas, por el lado del entretenimiento, Cantinflas, en el rubro más serio, el Indio Fernández, Fons, Arau, pero prácticamente nada.

Ver Rojo Amanecer era casi prohibido, en mi caso también las de El Mofles, El Mil Usos o Lagunilla, eso sí, me se casi de memoria las de Pedro Infante y Mario Moreno, tengo un prejuicio heredado con Buñuel y amo Macario, Como Agua para Chocolate y El Callejón de los Milagros.

Adornada por las crisis, la década de los 90 nos dio las primeras pelis de Del Toro y Cuarón, cronos y solo con tu pareja, irrumpieron como las óperas primas de aquellos jóvenes promesas, Un Año Perdido, de Gerardo Lara, filmada en Toluca, los guiones de Vicente Leñero, la capacidad de producir películas comerciales de Sariñana, el tino de Serrano, abrieron el paso para que en este siglo, las nominaciones de Amores Perros y el Crimen del Padre Amaro, los taquillazos y el morbo de las pelis de Luis Estrada, el crecimiento en el talento humano, más allá de los Bichir, la cantidad de cortos y documentales impresionantemente bien hechos, los premios en festivales mundiales de Eimbcke, Bolado, Franco, Reygadas, las múltiples nominaciones de Lubezky, los buenos oficios de Diego Luna y Olallo Rubio, replantearon la industria nacional del cine, hasta llegar al absurdo comercial y meloso del otrora animador del programa de Chabelo, Eugenio Derbéz.

En fin, el cine en México es un referente obligado del país, no es casualidad que la época de oro sea la misma del milagro mexicano y que la oscuridad del cine de rumberas cuyas estrellas masculinas eran hombres muy comunes y corrientes haya ocurrido en la etapa de las crisis y las devaluaciones, tampoco es casualidad que el talento haya migrado al norte, que los premios sean individuales y que la industria haya resurgido de manera independiente, por amor al arte, en una época de despertar y esperanza comenzando con el siglo.

En la otra esquina, está la cultura del narco, los corridos, las series, las telenovelas, una amplia gama de video homes de bajo presupuesto, pero que inundan los puestos ambulantes en cualquier tianguis, o más recientemente, las plataformas digitales.

En ese entramado, el ego y la sugerente insinuación de Kate del Castillo, encargada de darle el tiro de gracia a la novela de Arturo Pérez-Reverte, llevó de vuelta al Chapo Guzmán a la cárcel de la que, desde 1993, jamás debió haber salido.

Habrá películas del Chapo, así como hay todo un género en el cine de Hollywood, nos gusta recrear el crimen, reconozco que me gustan muchas pelis de mafiosos, que una de mis series favoritas es los Sopranos, pero en lo que a México respecta, paso.

Además de todo, lo que más me preocupa en lo personal, es la descomposición social que sufrimos, nada bueno puede estar pasando en un país en el que los niños ya no quieren ser Presidentes sino narcos, en el que las guapas terminan de novias de los malos y en donde el hombre popular y querido del pueblo o del barrio, sea el criminal, que por muy buena gente que parezca, es un criminal, que mata, de muchas maneras, mata.

OBAMA.

Para proyectar, se requiere algo más que una escenografía ad hoc, hace falta carisma, intención, autenticidad, Obama lloró, respaldado, en la escena, por los padres de algunas de las víctimas del descontrol de armas en su país, se mostró como un ser humano responsable de procurarle a quienes gobierna, mejores condiciones de vida, es un hombre mediático, es un tipo diferente, pero proyecta, se la crees, puedes  o no estar de acuerdo con él pero se la crees.

¿Y LAS MOJARRAS?

El ya chole, las explicaciones del precio del dólar, las misiones cumplidas, los tweets verdes de Miguel Herrera, los memes, son botones de muestra de la impericia para comunicar, del hartazgo y desencanto de la gente, de la impunidad, nada de eso es nuevo, al Loco Valdés lo vetaron por decir “Bomberito”, hoy, con los medios digitales, es simplemente imposible censurar, son las mismas dolencias, en otros tiempos.

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